You are currently browsing the tag archive for the ‘Psicología’ tag.

El artículo está sacado del libro Constructivismo en psicoterapia que es un conjunto de artículos compilados por Robert A. Neimeyer y Michael J. Mahoney.

Cito parte del artículo de Oscar Gonçalves “Hermenéutica, Constructivismo y terapias cognitivo-conductuales” dónde el autor pone en evidencia la paradoja del paradigima cognitivo conductual, respecto a la cual la aplicación de una premisa teórica supuestamente relativista conlleva una práctica absolutista, marcada por un dualismo excluyente entre cliente y terapeuta.

Ontología y Epistemología

“El núcleo duro del paradigma conductual se dijo que estaba caracterizado por una ontología y una epistemología absolutistas, que suponían la existencia de la verdad como universal, fija e inamovible así como la existencia de un orden natural que nos es revelado a través de los sentidos. La posición del cognitivismo es bastante compleja a este nivel. El cognitivismo parece alternar  entre la incertidumbre del relativismo y la seguridad del absolutismo. Es decir, los cognitivistas venden a sus clientes una ontología y epistemología relativista mientras que aceptan para sí mismos una ideología absolutista” (…) “El aparente solipsismo del paradigma cognitivo lleva a los cognitivistas a una situación difícil. De manera similar a los adolescentes que alcanzan el pensamiento formal, los cognitivistas se enfrentan a lo que diferentes autores han llamado la pluralidad de soledades (Sartre), el vertigo de la relatividad (Berger y Luckman) o la soledad epistemológica “…El reconocimiento inicial de este principio de incertidumbre no es… necesariamente equivalente a su aceptación incondicional, ni es tan obvio cómo se va a afrontar, simplemente disfrutar, la relatividad final” (Chandler) Para afrontar esta soledad epistemológica, el paradigma cognitivo volvió a la solución regresiva de una ontología y una epistemología absolutistas. Las construcciones de los clientes, etiquetadas como irreales, irracionales y distorsionadas, se convirtieron en el objetivo del cambio de acuerdo con los cánones de la realidad objetiva representados en el escenario terapéutico por la autoridad absoluta del terapeuta. Ya sea a través del énfasis en el pensamiento racional (Ellis), la contrastación empírica (Beck) o la repetición, los terapeutas cognitivos aspiran a encajar mejor las construcciones subjetivas de los clientes y la realidad objetiva.

Por lo tanto, igual que los adolescentes, los terapuetas cognitivos han quedado atrapados en la trampa epistemológica del pensamiento formal. El reconocimiento de la primacía de un si mismo pensante e individual implica necesariamente la naturaleza relativista y subjetiva de la existencia y el conocimiento. Las crisis epistemológicas de la soledad de una actitud potencialmente solipsista provocan una tendencia a buscar una mejor estructura equilibradora. En el cognitivismo este equilibrio se mantienen a través de un movimiento regresivo a las tierras del absolutismo, donde la figura de autoridad del terapeuta corrige las visiones subjetivas del cliente, desde un punto de vista más ventajoso, mediante una disputa racional, repetición interna o contrastación emírica. Las palabras de Chandler (1975) respecto a los peligros potenciales relacionados con los movimientos regresivos de maniobras antirelativistas son instructivas:

“La dificultad.. las respuestas familiares al vértigo y al aislamiento del relativismo es que todas ellas representan intentos de tratar la multiplicidad de perspectivas negando su legitimidad sin más. Ya sea mediante el esclusivismo y el estereotipo, mediante la intolerancia religiosa o científica o simplemente adoptando dimensiones de diferencia, todas estas soluciones parciales parecen esencialmente regresivas e interfieren con un mayor crecimiento y desarrollo”

UN TOQUE DE LOCURA

Muchos de los casos que en psicología y psiquiatría se consideran irreversibles o de muy difícil recuperación total son lesisones cerebrales y esquizofrenias. Por lo genneral, en los tratamientos tradicionales de estos casos, hay un mínimo de recuperación y es casi nulo el levantamiento de la amnesia. Estos diagnósticos desahucian al paciente. Simple: nada que hacer.

Se me enseñó que ante un daño orgánico el paciente no podía hacer nada por él mismo y el terapeuta tampoco. Podía intervenir el psiquiatra, a través de los fármacos y nada más.  Considerando esto como verdad absoluta nada se podía hacer, sólo esperar el deterioro del paciente hasta verlo convertido en un enfermo crónico.

Para estos pacientes la palabra salud carece de contenido. En otras palabras: se acepta la incapacidad de su voluntad.

¿Cuál es la responsabilidad de un psciótico? En dónde le corresponde estar a un enfermo psiquiátrico, ante sí y ante el mundo? ¿Es responsable de su autocuración? ¿Qué puede hacer para curarse, independientemente que haya o no lesión cerebral?

¿Qué postura debe asumir el terapeuta? ¿Qué alternativas brinda la sociedad? ¿Cuál es el papel que juega la familia?.

Considero que sólo podremos hablar de una verdadera psicoterapia, cuando la esencia de nuestra búsqueda sea la verdad del paciente, la que lo llevó directa o indirectamente a alterar su insatisfactoria realidad. Aceptar que estas personas son intratables es sólo en apariencia un posición pasiva, pero en el fondo es violencia negada.

Es más fácil ser o tener enfermos psiquiátricos que aceptar nuestro monstruo interno.

Al defender al enfermo lo que quiero decir es que cuanto más responsabilicemos a la enfermedad más perderemos de vista la salud; ésta es una estrategia en que el victimario se convierte en vícitima. Mientras paciente y terapueta acepten este contrato, ambos tendrán el mismo deseo: darse por vencidos ante la vida. Lo que equivale al retorno, tan deseado por muchos niños, hacia la madre, para que lo cuide y proteja.

He observado que aunque muchos psicóticos manifiestan un gran desapego e independencia, la gran mayoría manifiesta a través de su conducta estados intrauterinos, como si su cotidianidad transluciera su dependencia.

Lo que me preocupa es que hacer con los enfermos psicóticos, cuál es la terapia más efectiva. La clínica me ha demostrado que el mejor método es el no método, a través de las actitudes, porque sólo así el yo se manifiesta completo, lesionado o no. Una actitud sólo está presente cuando uno como terapeuta se puede manifestar con libertad.

Para poder trabajar con psicóticos la esencia de la curación está en saber que son curables. No como queremos los terapeutas, sino como pretenden ellos.

La conducta no determina al ser; diagnosticar conductas es nulificar la curación. Muchos diagnósticos fatalistas nos protegen de nuestra ignorancia, no respecto a conocimientos teóricos, sino acerca de nuestro propio desarrollo personal.

Usualmente lo que aprendemos sobre patología lo convertimos en “ley universal”, así nos protegemos de nuestra inmovilidad interior, y ninguna patología del exterior nos afecta.

Todo terapeuta sólo curará lo que haya sido capaz de contemplar en su interior. Kafka decía que quien no se reconoce como un homicida y un suicida potencial no se puede considererar un hombre moral.

La locura es tratar de ser antes de morir. La locura es la búsqueda de la salud y requiere mucha valentía por parte del sujeto. Recordemos que uno de los terrores más grandes es perder el control.

Los psicóticos nos hacen evidente que nosotros consideramos la libertad como inmoralidad. El terapeuta prejuicioso intentará reprimir a su paciente y tendrá muchas probabilidades de ignorarlo. Toda libertad desquiciará al terapeuta, pues pondrá en evidencia sus núcleos irresueltos.

Hablar de salud, en el caso de un psicótico, dependera de lo que el terapeuta conciba como salud para sí mismo y por sí mismo, sin contar con el apoyo de la psicopatología.

A los pacientes hay que tratarlos sin los prejuicios de la enfermedad. Si los eximimos de sus deseos, conviertiéndonos en paternales, deseo innegable del paciente, los liberamos también de ser personas.

Tengamos presente que la locura es la imposibilidad de digerir el sufrimiento. Si los terapeutas nos convertimos en estómagos del paciente, aniquilamos toda posibilidad de recuperar su sufrimiento.

Nuestra intención es construir un puente entre sentir y pensar, pero nuestra actitud, como terapeutas, debe enseñar sin palabras que se puede sentir el sufrimiento. Ya que si no hay aceptación del dolor no habrá placer, pues este es conciencia corporal. En el psicótico sólo hay placer irracional, impulsivo; el plato favorito del ego. Una gran mayoría de terapeutas llegamos al insight mental creyendo que nuestra problemática está resuelta, cuando lo  único que hemos  logrado es una anestesia interior, una protección frente a la enferemedad similar al conocido robotismo  de todo paciente psiquiátrico.

Es de vital importancia no considerar el daño orgánico como sinónimo de imposibilidad de hacer algo por el paciente. El transfondo debe ser la búsqueda de la salud.

No deben exisitir prejuicios basdados en conocimientos puramente académicos, supuestamente comprobados por otros; sabemos muy poco del ser humano. Es común que muchos pacientes psiquiátricos sean atendidos por profesionales en formación, que van a a hacer sus prácticas universitarias y sus servicios sociales, y cambian cada semestre abandonando así sus pacientes. Los resultados no requieren análisis, los perjudicados son los locos. El trato con personas no se aprende en la universidad y nadie puede considerarse terapueuta si no es persona.

Si nuestra perspectiva no es encajonar, ni etiquetar al paciente, quedaremos librados del prejuicio y nuestra meta se ceñirá al trato contidiano que es donde está la salud.

Tenemos que sacudir a la enfermedad de nuestras distorsiones abriendo un campo de mayor comprensión hacia la salud. Opino que la salud va más allá de la funcionalidad estética. Quién vuelve crónico a un paciente es el mal terapeuta.

Cuatro años de formación según las bases de la psicología científica hicieron arraigar en mí una crítica  a la psicología profunda desde esa perspectiva. El psicoanálisis ortodoxo y cualquiera de sus subescuelas así como cualquiera de las vertientes de la psicología profunda no son más que castillos de naipes racionalistas fundamentados en la fe ciega en una teoría, dotada de coherencia interna y capaz de definir la realidad en base a unas premisas no contrastadas. Bajo esta perspectiva, la práctica psicoanalítica sería en realidad como una ficción dentro de otra ficción, no sólo por lo que respecta al marco teórico sino también en referencia al propio método psicoanalítico de la interpretación , que establece como verdaderas las propias interpretaciones del analista como si no fueran fruto de un contexto relacional o de sus propias proyecciones.

A pesar de haberme acercado a la psicología Gestalt y haber sido capaz de comprender el psicoanálisis desde una perspectiva más abierta. Y de reconocer la fuerza de mi propia crítica hacia la psicología profunda (y casi hacia la práctica clínica en general) como una actitud defensiva, nunca hasta hoy, he podido dejar de reconocer la validez implícita de esta crítica. Sin embargo, últimamente he estado leyendo acerca de la mentalidad postmoderna en distintas áreas del pensamiento, a este respecto el discurso  científico ha cruzado la frontera entre la verdad y el dogma a través de la crítica de Thomas Kuhn y el cuestionamiento proveniente de la física cuántica respecto a la separación entre sujeto y objeto. El método científico tradicional es un producto cultural que es necesario sólo en la medida en que es útil para el desarrollo humano.

En el texto, la autora no introduce ninguna referencia directa al pensamiento postmoderno, ni a la psicología científica, pero sostiene un distanciamiento respecto a la perspectiva racionalista de Freud que introdujo al psicoanálisis en la paradoja que aún lo amordaza, y que amordaza en realidad cualquier intento epistemológico en psicología. ¿Por qué continuar buscando el conocimiento de aquello que es verdadero cuando no somos capaces de distinguir lo que la verdad es? ¿Por qué insistir en separar el sujeto del objeto también en terapia si por naturaleza el objeto es incognoscible? El proceso terapéutico es el producto de la relación entre terapeuta y paciente porque en definitiva es la relación la que cura, independientemente del enfoque teórico, e independientemente de terapeuta y paciente como sujetos aislados. La perspectiva dualista  (la pretensión de un modelo  científico basado en la física y fundamentado en la estadística para la psicología cognitivo conductual o la pretensión de un modelo teórico omnipresente y fundamentado en relaciones de causalidad lineal para el psicoanálisis) es el límite epistemológico de la psicología.

Relación terapéutica: Amor y transferencia

“El sujeto recurre al análisis a causa de una falta de amor. Y es mediante la restitución de la capacidadad amorosa en el vínculo transferencial – antes de tomar distancia del mismo – como conduce su experiencia analítica. A partir de ser el sujeto de un discurso amoroso durante los años del análisis, toma contacto con sus potencialidades de transformación psíquica de innovación intelectual e incluso de modificación física (…) el espacio analítico es el único lugar explícitamente designado por el contrato social en donde, hay derecho de hablar de las heridas, y de buscar nuevas posibilidades de recibir nuevas personas, nuevos discursos.” (…)

Epistemología: Ciencia y psicoanálisis

“Sin embargo, la unicidad e incluso la cientificidad indispensable de una interpretación es una evolución que está basada en criterios lógicamente unificables, pero que opera sobre un objeto que es en el fondo imaginario: el dualismo amoroso del analizado y la construcción (más o menos identificatoria o proyectiva) que el analista hace a partir de ésta. Insistir en esta trama nutre la “verdad” analítica, la acerca tanto al dominio de la fe como al de la ficción narrativa, que expresa en ambos camos – el del análisis y el de la religión – un sujeto desestabilizado en permanente búsqueda de estabilización” (…) “El psicoanálisis  es un nuevo tipo de discurso científico (…)porque no ponen entre paréntisis el sujeto del saber, no lo neutraliza”(…) “El efecto de verdad científica depende de la contrucción de un vínculo o de unas palabras, cuya “realidad histórica” importa poco, ya que lo único que importa es el sentido, en un principio imaginario y por consiguiente, real y simbólico, que se establece entre ambos (…)”…En la actualidad la posición del analista terapeuta, a diferencia de la de Freud, y con un racionalismo menos meticuloso – ¿acaso con menor culpa respecto del racionalismo, o inclusive con menor optimismo en cuanto al poder benéfico de la razón – consituiría en restituir todo su valor terapéutico y epistemológico a la ilusión”

Vacío fértil

“El signo xu, (ideograma chino) que significa vacio se escribe con la imagen estilizada de un “tigre” sobre una “loma”, y evoca el espíritu yang pronto a saltar sobre el yin. (…) …la lengua oral dice “creer” por medio de xin fu, donde el elemento fu significa “casarse”, “abandonarse”. Tal vez la evocación de una fusión entre los dos sexos (…)impregne semejante concepción en donde el hombre se vive solidario del mundo cuya creación recomienza en cada uno de sus actos” (…) “Tal vez (en referencia al psicoanálisis) opere esta metamorfósis lúdica que hace que al final de la cura consideremos la palabra como cuerpo, el cuerpo como palabra, donde plenitud demuestra estar inscrita de un “vacío” que es tan sólo el vaciamiento -por la palabra- de un exceso de sentido de violencia o de angustia. La inscripción del “salto del tigre sobre una loma”

Julia Kristeva “En el comienzo estaba el amor”
—————————————————————————————————————-

“En el comienzo era el verbo” (Juan, I, 1) Mi profesora de filosofía de segundo de bachillerato empezó las clases sobre el psicoanálisis escribiendo esta cita en la pizarra. Durante esas clases yo decidí estudiar psicología.

Los textos de Julia Kristeva que selecciono arriba me han devuelto a aquel momento. Algunas veces,  una sola frase, una imagen o una idea, son capaces de sugerir relaciones entre conceptos de las que no había sido consciente hasta ese momento y que son capaces de unirse para crear nuevas asociaciones y significados. Los siguientes artículos siguen un mismo hilo argumental acerca de las limitaciones epistemológicas de la psicología tradicional, la relación entre mente y cuerpo, la autorregulación organísmica y la integración a través de la síntesis de los opuestos.

Sinopsis:

El cuestionamiento derivado de la visión postmoderna acerca del dualismo y la separación entre sujeto y objeto ha puesto contra las cuerdas por un lado el paradigma científico tradicional en el sentido en que había sido adaptado por la psicología científica y el modelo de pensamiento racionalista – mecanicista del que es heredero el psicoanálisis.

Por un lado, mientras que el cuestionamiento de la naturaleza cognoscible de la realidad se hace más evidente, diversas corrientes herederas del estructuralismo y el constructivismo proponen el lenguaje no como una forma de describir una realidad que no podemos alcanzar, sino como una forma de construir esa realidad. Es el lenguaje como instrumento de la relación terapéutica el que dotado de contenido a través de la transferencia, del amor en definitiva, es capaz de crear nuevos discursos y formas nuevas de estar en el mundo.

Asimismo, en el extremo de esa postura se encuentra el argumento de resonancia Spinozista expuesto por Gregory Bateson que propone la equivalencia entre procesos mentales y materiales, aprendizaje y evolución. Mente y naturaleza como las dos caras de la misma moneda. La neurobiología, podría considerarse una disciplina intermedia entre los procesos mentales y el sustrato biológico de la consciencia. En el libro En Búsqueda de Spinoza, Antonio Damasio usa el argumento de Spinoza para sostener un puente entre cerebro y consciencia, filosofía y ciencia, y en última instancia entre el razonamiento moral y un sustrato neurobiológico producto de un aprendizaje evolutivo.

Siguiendo este hilo argumental, llegamos fácilmente a la idea de la autopoiesis y la autorregulación organísmica como concepto que aúna la evolución y el aprendizaje como procesos naturales de autorregulación, como formas de adaptación a un contexto cuya percepción se organiza en función de lo que el organismo necesita. Desde este punto de vista, el proceso de darnos cuenta, la consciencia, es el continuo que se establece en la relación del individuo con el ambiente.

Llegados a este punto, podemos llevar la crítica a la concepción dualista en la perspectiva epistemológica tradicional en psicología un paso más allá, el dualismo escinde la consciencia en la medida en que divide al sujeto entre yo y autoconcepto, en la medida en que establece distinciones entre conceptos que sólo son reales en el nivel simbólico del lenguaje, y escinde también el proceso natural de evitación – contacto que regula la relación del individuo con el ambiente impidiéndole distinguir genuinamente su propio deseo y responder a él.

La síntesis de los opuestos como proceso de integración construye a través de la palabra en la relación terapéutica una realidad nueva donde la lógica formal deja paso a una lógica dialéctica e integrativa. A una forma de pensar el mundo que comprende e integra los extremos de las contradicciones inherentes al pensamiento conceptual tradicional, dotando al individuo simultáneamente de la capacidad de organizar un discurso verdaderamente propio acerca de sí mismo, y establecer a su vez pautas significativas de relación que le permitan comprender el mundo más allá de las sendas previamente marcadas por la lógica tradicional.

El otro post está escrito desde un punto de vista subjetivo, o sea intentando no perderme en referencias teóricas que no valen de nada. Creo que lo he conseguido 🙂

Ahora me apetece citar un texto de Albert Rams que he leído chafardeando en su web http://www.albertrams.com. El texto en general va sobre el concepto de salud y enfermedad, la salud entendida como algo más que la ausencia de enfermedad, etc. No creo que haga falta que comente gran cosa más.

NEUROSIS Y EVITACIÓN DEL DOLOR

“Perls entiende la neurosis, y por extensión la enfermedad psicosomática, como una
estrategia de evitación del dolor psíquico que lo transforma, paradójicamente, en
sufrimiento crónico.
La salud pasa pues por la conciencia de ser, más allá de cómo un@ sea a cada
momento. La enfermedad mental empieza cuando un@ decide “… esto no lo pensaré,
esto no lo sentiré o esto no lo haré… porque produce dolor, desagrado o disforia… y
estoy o así no soy yo…”. Y “… esto sí lo pensaré, esto sí lo sentiré, o esto sí lo haré…
porque produce placer, agrado o euforia… y esto o así soy yo”.

CONTACTO Y RETIRADA

“…El neurótico ha perdido ( o tal vez nunca tuvo) la capacidad de organizar su
comportamiento de acuerdo a una jerarquía indispensable de necesidades.
Literalmente no puede concentrase. En terapia, tiene que aprender a distinguir de
entre las miles de necesidades y cómo atenderlas sucesivamente. Tiene que aprender
a descubrir y a identificarse con sus necesidades. Tiene que aprender cómo
comprometerse totalmente con lo que esta haciendo y en todo momento; cómo
quedarse junto a una situación el tiempo suficiente para completar la gestalt y seguir
adelante con otros asuntos… (…) Por lo tanto no todos los contactos son sanos, ni
todo el retirarse es enfermo. Una de las características del neurótico es que ni puede
establecer un buen contacto ni puede establecer su retiro. Cuando debiera estar en
contacto con su ambiente, su mente está en otra cosa, de modo que no puede
concentrarse… (…)… Su ritmo de contacto está descompuesto. No puede decidir por
sí mismo cuándo participar y cuándo retirarse, porque todos los asuntos inconclusos
de su vida, todas las interrupciones de los procesos en transcurso, han perturbado su
sentido de la orientación y ya no puede distinguir entre aquellos objetos o personas
en el ambiente que tienen una catexis positiva, de aquellos que tienen una catexis
negativa; ya no sabe ni cuándo ni de qué retirarse. Ha perdido su libertad de
elección, no puede escoger medios apropiados para cumplir sus metas, porque ya no
tiene la capacidad de ver las opciones que tiene por delante… ”
(Está en cursiva porque la cita es de Fritz Perls)

HETERO APOYO Y AUTO APOYO

“Sólo una persona autoapoyada puede en realidad dar limpiamente. Aunque el
fantasma del egotismo puede abortar el proceso en el punto auto, en el yo-mi-meconmigo,
generando pléyades de egos inflados y auto – torturados en sus meandros,
por no haber entendido la segunda parte: que yo sólo existo verdaderamente si
existes tú, si existimos nosotros.
Ahora bien, la persona hetero – apoyada no se arriesga a todos estos peligros. Su dar
es un recibir camuflado e inconsciente; lo recibido cae en un pozo sin fondo porque
no tiene nada que provoque el sonido del eco, y no lo sabe. Vive engañada en una
nube, en un negocio ruinoso que cada vez solicita mayor inversión para en realidad
acabar devorándola. Con el resultado de sentirse siempre vacía e insatisfecha.”

Escribiendo el último post me dí cuenta de lo extraño que era no haber posteado acerca de algo que se ha convertido en importante para mí en los últimos meses. Creo que si no lo hice antes, es porque no estaba muy segura de poder escribir acerca de nada sin racionalizarlo, sin convertir el proceso en una foto estática, y luego pararme a analizar esa foto con lupa, sin querer darme cuenta que la realidad que analizo ya es otra distinta…

Me han pasado muchas cosas estos meses, cosas que siento y que cuesta explicar. Creo que lo más importante, lo que ha dado pie a todo lo demás, es haberme vuelto permeable al proceso de terapia. Permeable quiere decir eso, permeable, flexible… Experimentar, dejar que algunas cosas entren… Hay algo de fe en eso, es la frontera dónde creer, sentir y conocer se juntan. Pero no se trata de conocer con la mente: saber que puedo (puedo, no sé el qué, pero puedo, soy responsable), creer que puedo, sentir que puedo. Todo es lo mismo.

Pero sólo puedo dejar entrar algunas cosas, no puedo sacarme a mí misma de enmedio, las resistencias están allí y no puedo ignorarlas, ni tampoco derrotarlas. Ellas están allí por alguna razón, y en la medida que las acepto y las reconozco soy un poco más libre. O me gustaría poder aceptarlas y ser más libre. Sé que esa es la manera, reconocer un deseo, algo que como todas las cosas que son de verdad me sale directamente de las entrañas, y buscar la manera de realizarlo, y reconocer también esa especie de angustia que permanece conmigo como algo propio. Pero a veces es demasiado complicado, y esa angustia, esa resistencia que me impide tomar lo que necesito, que hace que me defienda del proceso de terapia y de la vida misma, es demasiado fuerte y me da demasiado miedo. Entonces me quedo temblando y lamentándome en un rincón. Esos son los días malos, y sólo puedo dejarlos pasar.

El otro día le decía a David que me sentía como si tuviese un extraño viviendo en casa. Me refería a ese ir viendo las voces que llevo dentro: eres un desastre, no puedes, lo puedes todo, eres idiota, demuéstrale que no eres idiota, dile que le quieres, no se lo digas, acércate, aléjate… Las oigo hablar entre ellas y me sorprende verme a mi misma diciendo esta soy yo, esta no soy yo. Hay voces a las que creo a pies juntillas, sin cuestionarlas, sin cuestionarme. Luego cierro los ojos, y pretendo que la realidad no sea esa, que la realidad sea sólo lo que espero que los demás vean en mí.

Ayer dejé de lado por un tiempo el libro sobre Análisis Transacional. Para empezar un libro que hacía tiempo que tenía ganas de empezar. “Las coincidencias necesarias” De Jean François Vézina. Es un libro que explora la teoría de Jung acerca de “La sincronicidad” y la vincula con algunas ideas de la física cuántica, y la teoría del caos. No he avanzado mucho con el libro aún, pero la idea que propone me parece interesante. (Sé que algunos os estaréis riendo a carcajadas de que de golpe empiecen a intrigarme las ideas de uno de los grandes padres del psicoanálisis. Haré como que no os oigo 🙂 )

La sincronicidad es un concepto que Jung desarrolló a raíz de sus conversaciones con Wolfang Pauli, de ahí la relación de la idea con un cambio de paradigma en la física moderna (cambio de paradigma que lógicamente no entiendo porque me falta la formación de base necesaria, pero que me intriga porque conceptualmente está muy relacionado con ideas propias de la psicología profunda, y roza las fronteras de lo metafísico)

Se puede definir la sincronicidad como la concurrencia en el tiempo de dos fenómenos que sin relación causal alguna hacen referencia a un sólo significado. Llevado a un terreno práctico: sincronicidad, es cuando piensas en esa persona que hace tiempo que no ves y de golpe está ahí, al volver la esquina (¿no os sorprende la cantidad de veces que pasa eso?) es visitar una ciudad con cien mil habitantes, y preguntarle por una dirección a los parientes de un amigo a los que no conoces aún, y encontrarás esa misma noche. La vida está llena de serendipias, (el nombre viene de “serendipity” del mito de los príncipes de Serendip – Sri Lanka – que solucionaban siempre los problemas de una forma aparentemente causal) Los encuentros que nos transforman son serendipias. La gente cuyo paso por nuestra vida tiene un significado profundo, (da igual que sea una conversación de 5 minutos o una relación de 5 años, un profesor o un amigo) las personas (incluso los libros que leemos) cuyo encuentro es sincrónico con una necesidad no expresada de nuestra psique, y que mediante esa sincronía necesaria despiertan en nosotros reacciones en cadena que terminan por transformarnos como personas. Vosotros sois algunas de mis sincronías favoritas 🙂

Tradicionalmente, han existido dos concepciones del mundo. La concepción teleológica o finalista, o sea “Dios (sea lo que sea eso) tiene un plan para todos” y la concepción mecanicista, que sería decir que el universo son un conjunto de piezas interconectadas por una relación causal que funcionan como el mecanismo de un reloj. Jung propondría una alternativa con la idea de la sincronicidad, la alternativa es la acasualidad, o sea que el vínculo entre dos eventos no sea una relación causal sino una relación significativa. Si leéis esto con espíritu crítico (sé que lo haréis), me diréis que la “acausalidad” es un concepto vacío dado que mientras que la causa siempre es un fenómeno previo, la significación es una elaboración a posteriori y además es subjetiva. Allí es donde se encuentra la relación con postulados como la teoría del caos, si ésta permite deducir el orden subyacente que ocultan fenómenos aparentemente aleatorios, entonces podemos entender un fundamento causal (que no casual) para las cosas a las que somos capaces de otorgar significado sólo a través de la intuición. La idea de la física cuántica de entrelazamiento de partículas, según la cual medir el estado de una partícula, puede afectar el estado de otra ¡aunque una esté en Australia y la otra en Marte!! (que alguién me lo explique, por favor) tiene relación con este fenómeno y con una idea del universo más sistémica que mecanicista.

Sin meterme en berenjenales fuera de mi capacidad de entendimiento. Jung, consideraba que la sincronicidad era una proyección del inconsciente en el mundo físico. En cierta manera, la sincronicidad era una prueba de lo que él denominaba el inconsciente colectivo. Uno puede imaginarse la idea del inconsciente jungiano plasmándose en un mundo físico, como un dios sin dios, un universo panteísta, donde la aletoriedad aparente de los fenómenos, esconde patrones sutiles. (Algo así como las figuras geométricas implícitas de un fractal) La mente y la materia se dan la mano en la idea del Unus Mundus.

Un ejemplo tonto de sincronía, el título del blog “Estoy esperando la casualidad de mi vida, la más grande”, lo puso Brian, es de la película “Los Amantes del Círculo Polar” y es de mucho antes de que a mí empezaran a interesarme las casualidades que nos cambian la vida.

Os copio un texto sacado de un libro sobre Análisis Transaccional que estoy leyendo. El Análisis Transaccional es una teoría que tiene algunos conceptos que suenan a Psicoanálisis en grageas masticables. El concepto de Guión de vida es uno de ellos. Un Guión es algo que ecribimos en la infancia, influenciados por nuestras primeras experiencias (buenas o malas), viendo el mundo a través del pensamiento mágico, y que no para de decirnos qué somos, como debe seguir la película y como termina. Hay guiones para ser feliz, y guiones para ser infeliz. Si no somos conscientes de cuál es nuestro guión vemos el mundo sólo a través de lo que nos marca aunque eso haga que nos lastimemos o lastimemos a los demás. Nos dá seguridad, cuando lo escribimos era una estrategia de supervivencia, y irracionalmente creemos que la alternativa al guión es la no supervivencia. Si somos conscientes de cuál es el guión quizás podemos cambiarlo. El texto es muy llano y tiene cierta sorna, hay algunas cosas que me suenan ¿y a vosotros?

“El guión ofrece una solución mágica para resolver el asunto básico que no se solucionó en la infancia: cómo conseguir amor y aceptación incondicional. Como adultos nos cuesta abandonar esta magia, porque de niños a menudo nos identificábamos con un cuento de hadas y nuestra fantasía es la de que podemos lograr que en nuestra vida suceda lo mismo que en un cuento, de manera que nosotros también podemos acabar viviendo “un final feliz”

El único problema es que los cuentos de hadas perpetúan un engaño a los niños. Enseñan que si quieres que algo bueno te suceda, antes necesitas ser una víctima tan grande que te lo merezcas.

Por ejemplo, si quieres casarte con un príncipe tienes algunas opciones interesantes. Puedes trabajar duro, sufrir, sentarte en las cenizas y barrer y esperar a que tu hada madrina llegue y te envíe al baile. O puedes comerte una manzana envenenada, o pincharte el dedo con una aguja envenenada y esperar que algún hombre venga que tenga predilección por besar a mujeres muertas. O te puedes encerrar en una torre, dejar que te crezca el pelo y esperar a que alguien venga que tenga predilección por encontrar a mujeres internadas. O puedes ir por ahí besando sapos o intentando convertir bestias en príncipes.

Si quieres casarte con una princesa, las posibilidades son igual de buenas. Puedes ir por ahí besando mujeres muertas, o buscando mujeres encerradas. O puedes intentar buscar mujeres que escapen de tí o ir por ahí comportándote como una bestia o como un sapo. Si quieres acabar teniendo éxito y atractivo, lo primero que tienes que hacer es ser feo y que la gente se ría de tí.

La parte positiva que tienen los cuentos de hadas es el dar a los niños un sentido de poder y control sobre sus vidas en un momento que se sienten impotentes. El único problema es que la solución que se ofrece es mágica y no funciona en la realidad, pero al menos permite al niño sobrevivir en una situación que de otra manera pudiera parecer desesperante.

Después, en la vida adulta, el Niño en nosotros continúa aferrándose a esa creencia mágica y sigue intentando que funcione. Si aún no ha funcionado, tal vez no hayamos sufrido lo suficiente para merecer el rescate. Una parte de salirse del guión es la de renunciar a la creencia en un mundo perfecto. En cambio podemos emplazar a nuestro Adulto para solucionar problemas y descubrir la forma de conseguir cubrir nuestras necesidades en un mundo que nunca será perfecto, pero que puede ser hermoso y agradable.”

AT Hoy. Ian Stewart y Vann Jones