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Tinc el cos fet d’ombres…
Camp de batalla.
Terra herma.
Revolució inacabada de l’esperit.

Tinc el cos fet d’ombres…
A les entranyes hi duc la fosca,
la claror a la punta dels dits.

Ets..

El meu desig captiu
i una porta oberta.

Totes les paraules d’un amic.
Carrers i abraçades.
Pluja suau.

Passets de formiga en el ventre
mans que dibuixen

Camins de plata
Rius de lava

A les artèries
i als centímetres de pell
guanyats per l’amor
a cops de baioneta i tambor.

La meva guerra
i la meva pau.
La por i la glòria.

El sol de matinada,
la batalla perduda
i l’ànima vençuda
Pel repòs.

Pocas veces unos versos son tan certeros. Tanto que al leerlos he deseado apropiármelos para describir con las palabras de otro mis sentimientos.

ARENA Y AIRE

¿En dónde sino en el aire mis castillos?
¿De qué sino de arena mis murallas?
Pues el hierro ya es orín,
de la piedra sólo hay polvo,
el mármol se hizo añicos.

Mas a oscuras y en silencio,
de arena y en el aire,
temblando,
mis torres prevalecen.

BUSCO

Busco lo que busco yo,
lo que el alba me propuso.

Busco y clamo, pido y quiero
la llama, la ventura,
el sauce y el aromo.

Gacelas de amor, casidas,
una mar en cada mar,
una estrella cada noche…

Historias del corazón,
una ventana encendida.

¡Las espadas como labios
y ese rayo que no cesa!

ÍCARO

¿Y qué, si ciega la luz y quema?
¿Si la cera se derrite?

“…hay en vuestros besos beatitud tan grande

porque la caricia retiene, y el sitio

que vuestra ternura recubre, persiste;

porque en el hechizo del amor la pura duración sentís.

Tanto que al abrazo lo creéis promesa de una eternidad…”

Se puede leer diez veces un poema de diez maneras distintas. Algunos versos me han gustado  la primera vez que los he leído sólo por una imagen o por una trascendencia que he podido intuir  sólo a medias. Hará unos cinco años que leí este verso de la segunda elegía, lo copié y he sido capaz de recordarlo hasta ahora porque entonces la imagen de la piel que retiene el contacto de una caricia me pareció hermosa. Entendí el verso como la imagen romántica de un contacto que permanece y es la promesa de algo que no debe ser fugaz.

Hoy me he levantado con este verso en la cabeza, y cuando he ido a buscar el poema para releerlo he descubierto que entendía algo completamente distinto. Ahora pienso que Rilke hablaba de la plenitud de un momento que es eterno precisamente porque es fugaz. Usa la figura de los ángeles para contraponerla con la de los hombres,  bajo una forma  religiosa esconde un fondo profundamente secular. Somos reflejos inconstantes de la eternidad, y aquello que nos mantiene unidos con esa eternidad, aquello que nos hace parecernos por un momento a los ángeles es  ese contacto fugaz que retiene una promesa.

El poema me parece ahora incluso más profundo y más hermoso. Últimamente, he sido más consciente de la relación que existe para mí entre el placer y el miedo. El placer es el contacto, un momento de intimidad perecedera. El miedo es para mí a  el temor de que esa promesa de eternidad no pueda cumplirse, y a la vez, el miedo de perderse a uno mismo en el contacto con el otro, en realidad,  son dos formas de decir lo mismo. “Pues, para nosotros sentir es diluirnos. / ¡Ay! Nos exhalamos y nos disipamos. /Y de brasa en brasa damos un perfume cada vez más débil”

Siento ahora que soy capaz de una plenitud más grande y de un miedo más consciente. Imagino que si debe existir alguna forma de equilibrio en el amor, está en ese lugar intermedio entre el placer y el miedo.

Copio el poema entero para los que lo queráis leer:

Segunda Elegía


Terrible es todo ángel.

No obstante, a sabiendas yo os invoco y nombro,

Pájaros mortales casi para el alma.

¡Qué lejos los tiempos de Tobías, cuando

frente a la sencilla puerta de la choza

levantábase uno de los más radiantes

disfrazado apenas para el viaje, a punto de no ser temible.

Joven para el joven:

¡con qué ojos curiosos miraba a lo lejos!

Si ahora, imponente, llegara el arcángel tras de las estrellas

y hacia acá tan sólo descendiera un paso:

latiendo a su encuentro

los golpes del corazón ansioso

nos abatirían.

Primeras criaturas perfectas, mimados del mundo,

líneas en alturas, rojizas crestas matinales

de todo lo creado, polen de la divinidad floreciente,

espacios de la esencia, escudos de gozo,

bravíos tumultos de impetuosos éxtasis

y de pronto, aislados

espejos que en ondas vuelcan la belleza

y la reproducen en su propio rostro.

Pues, para nosotros sentir es diluirnos.

¡Ay! Nos exhalamos y nos disipamos.

Y de brasa en brasa damos un perfume cada vez más débil.

Entonces alguno nos dice:

“Pasas a mi sangre… esta sala y esta primavera

se llenan contigo”.

Pero, ¿de qué vale? No puede él tenernos

y en él y en su torno desapareceremos.

¿Y a ésos que son tan bellos? ¡Oh! ¿Quién los retiene?

A su rostro sube de modo constante la apariencia y váse.

Como de la hierba temprana el rocío,

Trasciende lo nuestro de nosotros, como

de un manjar caliente trasciende el calor.

¿Sonreír? ¿Adónde? Levantar los ojos:

una nueva y cálida onda que del propio

corazón se escapa.

¡Ay de mí! No obstante, somos eso. ¿Acaso

tiene el universo donde nos diluimos un sabor humano?

¿No toman los ángeles

realmente lo suyo, lo que de ellos mana?

¿O también, a veces, hay al mismo tiempo, como por descuido,

siquiera una parte de la esencia nuestra?

¿Acaso en sus rasgos estamos mezclados

tanto cual lo vago lo está en el semblante de mujer encinta?

¡Cómo lo sabrían!

Los que aman podrían, si lo comprendieran,

decir en la noche palabras extrañas.

Contempla los árboles: son. Y todavía

subsisten las casas en donde vivimos.

Tan sólo nosotros pasamos delante de todas las cosas como aire furtivo.

Y para acallarnos todo se concierta, medio por vergüenza

tal vez y otro tanto como una inefable esperanza.

¡Oh, amantes, vosotros que os bastáis a solas! A vosotros quiero

preguntar qué somos. Os tomáis las manos. ¿Poseéis las pruebas?

Mirad: me acontece que entre sí mis manos

se saben o en ellas mi rostro gastado se halaga.

Y así, soy un tanto conciente de mí.

Mas, ¿quién osaría ser por esto sólo?

Vosotros, en cambio,

que en el éxtasis del otro os agrandáis

hasta que él os ruega, subyugado: ¡Basta!…

los que entre las manos os hacéis más plenos,

cual los años las uvas;

los que muchas veces desaparecéis

sólo porque el otro prevalece en todo,

de nuevo os pregunto: ¿Qué somos?… Lo sé:

hay en vuestros besos beatitud tan grande

porque la caricia retiene, y el sitio

que vuestra ternura recubre, persiste;

porque en el hechizo del amor la pura duración sentís.

Tanto que al abrazo lo creéis promesa de una eternidad.

Y, no obstante, cuando

os habéis repuesto del susto del primer encuentro

y de la nostalgia junto a la ventana

y de ese paseo,

el único, juntos a través del huerto:

¡Oh, amantes!… Entonces, ¿lo sois todavía?

Cuando el uno al otro os alzáis en brazos

bebiendo en la boca… sorbo contra sorbo…

¡con qué extraña prisa se evade del acto luego el bebedor!

¿No habéis contemplado con asombro sobre las estelas áticas

toda la prudencia del humano gesto?

¿Sobre las espaldas el Amor no estaba

y el Adiós posados, tan ligeros como

hechos e materia distinta a la nuestra?

Recordaos cómo descansan sus manos ingrávidas

por más que en los torsos el vigor perdura.

Dueños de sí mismos, ellos bien lo sabían:

Hasta aquí llegamos… Lo nuestro es rozarnos así.

Con más fuerza en nosotros presionan los dioses.

Pero éste es asunto que concierne a ellos.

Ojalá nosotros también encontráramos

siquiera una escasa, duradera y pura porción de lo humano,

una franja nuestra de tierra fecunda

entre río y roca, Pues, aún el propio

corazón, como ellos, sin cesar se eleva

por sobre nosotros. Y nuestra miradas no pueden seguirlo

hasta en las imágenes que lo tranquilizan,

ni aún en los cuerpos divinos en donde,

más grande, se calma.

“Es com la poesia: un bon poema,
per bell que sigui, ha de ser cruel.
No hi ha res més. La poesia és ara
l’última casa de misericòrdia.”

Joan Margarit

La poesia que més m’agrada té una aparença senzilla i una força amagada. La poesia que més m’agrada entra gairebé com un cop de puny fet de paraules. La poesia que més m’agrada es fa i es desfà en cada lectura: al cap de cinc minuts, de dos dies o de cinc anys, s’omple d’un significat nou cada vegada, com un aparellatge perfecte. La poesia que més m’agrada és gairebé un obra d’enginyeria amb l’aparença d’un vers.

Aquesta introducció una mica pedant em serveix per dir que he descobert un poeta que m’agrada i tinc ganes de compartir-ho. Copio un parell de versos del Joan Margarit que m’arriben especialment:

Tendències

Teníem uns dotze anys, i d’aquell noi
recordo sobretot els seus mitjons.
Blancs com la lluna.
Però un dia que els duia amb un forat,
dessota la blancor es veia la ronya.
Com el més brut que dúiem tots a dins.
No pot haver-hi tractes amb ningú
si un no admet humiliacions

Joan Margarit, Misteriosament feliç

La primera vegada

Ens vam trobar a la Plaça Catalunya,
davant la filera de rellotges
que marcaven l’horari de les ciutats del món.
Ja no he parat de riure o de plorar per tu.
La lluna sempre ha estat als vidres freds
de les finestres de la nostra vida
com un d’aquells rellotges, que ara marquen
el passat i el demà del nostre amor.
En alguna ciutat del pensament
jo t’estaré estimant
quan marqui la teva hora solitària
l’esfera de la lluna sobre el mar.

Joan Magarit, Casa de Misericòrdia

Si les teves paraules ja no m’expliquen

i si m’he tornat estranya de mi mateixa.

Aleshores, qui sóc jo?

Si em miro i no et reconec

i la teva part de mi ja no em pertany.

Aleshores, qui sóc jo?

Sóc aquesta por que s’escola

com l’aire fred per una esquerda.

Sóc un solar buit

ple de vidres trencats.

Sóc la meva primavera més cruel

i una nit ferida per l’alba.

Sóc el silenci abans d’un mot

i un somni inacabat.

No sé qui sóc.

—————————————

Si tus palabras ya no pueden explicarme

y si me he vuelto extraña para mi misma.

Entonces, ¿quién soy yo?

Si me miro y no te reconozco

y tu parte de mi ya no me pertenece.

Entonces, ¿quién soy yo?

Soy este miedo que se escurre

como el aire frío por una grieta.

Soy un solar vacío

lleno de vidrios rotos.

Soy mi primavera más cruel

y una noche herida por el alba

Soy el silencio antes de una palabra

y un sueño inacabado.

No sé quién soy.

Este poema lo escribí para ser leído a nueve voces en nuestra despedida de Horizonte Azul.

Tudas,
tudas as pessoas ten dereito

A um pedaço de terra
para viver e trabalhar dignamente.

Ninguem,
ninguem pode
ni com a força
ni com o dinheiro
ni com as falsas palavras
Arrebataros esse dereito.

Tudas,
Tudas as pessoas tem dereito
À uma educaçao para ser mais livres
À uma palavra e à liverdade de falar
À ser escutados e tomados en conta.

Ninguem,
ninguem debe
calar per medo
negarse a escutar aos humildes
Calar a aquelos que nao tem voz.

Tudas
Tudas as pessoas tem dereito.

Acabo de volver de Cuenca, y en dos semanas me habré marchado a Brasil. Acabo de ver bailar a Marisa su último baile con Pilar. He vuelto a casa emocionada, me emociono tan facilmente últimamente… Con cosas pequeñas o no tan pequeñas, y aunque muchas veces sigo sin poder mostrarlo, la realidad, las cosas que me suceden tienen ahora un color más real, de tristeza o alegría, y es como si la vida me tocase un poco más adentro.

Hoy volví emocionada porque últimamente siento que los ratos que pasamos todos juntos tienen un poco el sabor de las despedidas. Sentí algo parecido por San Juan, es algo realmente extraño, estar en un lugar pensando en cuantos momentos así quedarán por pasar. Caer en la cuenta de que podrían ser pocos es un poco como abrir los poros del alma, es darme la oportunidad de sentir qué cosas me unen a los demás y como de profundos e importantes son esos vínculos. Es darme cuenta también, que aunque quisiera que nada cambiase, todo ha cambiado ya sin quererlo, y que precisamente por eso hay cosas que no voy a poder olvidar nunca.

El poema de abajo salió un poco fruto de esa melancolía precipitada que he venido sintiendo últimamente.

Preparo las horas para tu ausencia.
Y se nos muere de mientras,

de tarde en tarde el tiempo:

Disuelto en un vaso de cerveza,
envenenado de palabras,
perdido en un viaje,
atorado en las risas…

Con el corazón abierto,
hendido de alambre y espinas.
Extraviado y extraño.
Frágil
flor en un muro.

Somos almas puntiagudas,
afiladas tristezas.
Tú te has roto las manos
a golpes contra mi pecho.

Yo he dejado mis uñas

clavadas en nuestros silencios.

Contigo ha perdido mi vida su rostro de piedra.
Y es ahora mi rabia,

la sangre y la espuma
de una ola en un reloj de arena.

Preparo las horas para tu ausencia.
Y se nos muere de mientras,
de tarde en tarde
El tiempo.

Castillo de arena en la memoria.
Puñal escondido,
paraíso perdido.

Cola de alacrán, lengua de fuego.
Risa y rabia:
Juego.

Ruego.
– No me dejes

Si me quieres
Si me hieres
Desangrarte en el olvido.

Impúdica soledad

que silencias por la noche

un clamor estridente.

De gritos que agonizan enredados entre las sábanas

y mueren sofocados en tu vientre.

Con la mirada triste de mí deseo,

vendrá el alba a desvelar un rostro extraño.

Yermo y yaciente,

un cuerpo de desecho.

Cuerpo temeroso,

cuerpo que implora:

– Déjame entrar.

Cuerpo que llora:

– Déjame entrar.

Acurrucada en el lecho,

encorvada en tu pecho.

Déjame entrar.