Retomando a Gregory Bateson en referencia a la importancia de entender al sujeto como  proceso y no como estructura, uno de los conceptos más provocativos de la epistemología que defiende Bateson es el postulado de que la estructura de la mente y de la naturaleza son reflejos la una de la otra. Esto es, aprender no es un fenómeno del todo diferente de la evolución. Bateson postula que la “evolución” no es sino el proceso por el cual la naturaleza  “aprende”. Nuestros procesos de endoculturización (aprendizaje de los modos de aprender), no son del todo diferentes a los procesos de la evolución de la vida. En resumen, mente y naturaleza constituyen necesariamente una unidad.

Esta idea me ha hecho recordar otro libro que leí hace años: En búsqueda de Spinoza de Antonio Damasio. “Desde el cuerpo activo a la mente, la maquinaria del sentimiento: El primer dispositivo, la emoción, permitió a los organismos responder de forma efectiva pero no creativamente a una serie de circunstancias favorables o amenazadoras para la vida. El segundo dispositivo, los sentimientos, introdujo una alerta mental para las circunstancias buenas o malas y prolongó el impacto de las emociones al afectar de manera permanente la atención y la memoria. Finalmente en una fructífera combinación con los recuerdos pasados, la imaginación y el razonamiento, los sentimientos condujeron a la aparición de la previsión y a la posibilidad de crear respuestas nuevas, no estereotipadas.” Como neurobiólogo, Damasio efectúa con su trabajo el paso lógico en el ámbito de la superación de la dicotomía mente – cuerpo dentro del ámbito científico. La hipótesis central del libro pone en relación el pensamiento moral con el sustrato neurobiológico de los sentimientos usando como guía la filosofía de Spinoza: “Dios es la Naturaleza, la Naturaleza es un Todo, una sola Substancia”. Las cosas no son sino partes “inmanentes” del Todo. Spinoza propone un universo panteísta donde mente y substancia son dos caras de la misma moneda, donde el orden y la conexión de las ideas es el mismo orden que el orden y conexión de las cosas.

Siguiendo este hilo argumental, llegamos fácilmente a la idea de la autopoiesis. Maturana y Varela defienden a los seres vivos como sistemas cerrados en desequilibrio, capaces de modificarse a sí mismos como respuesta a las perturbaciones del medio. Aunque los sistemas autopoiéticos son capaces de modificarse a sí mismos, mantienen la integridad de la estructura que los constituye como sistemas cerrados (las relaciones entre los componentes del sistema) gracias a la energía que extraen del medio. Y por tanto cuando un sistema autopoiético recibe el efecto de un agente externo, el resultado es producto de la estructura del sistema en ese momento determinado. La consciencia, es por un lado el eslabón perdido del pensamiento dualista, y por otro un buen ejemplo de sistema autopoiético.

Existe una resonancia clara entre las ideas de Bateson respecto a la unidad de mente y naturaleza y la filosofía de Spinoza por un lado, así como en la conexión que establece el mismo Damasio entre los procesos de aprendizaje y la evolución. Puede encontrarse una coherencia entre esta idea Spinozista de la naturaleza que Bateson comparte, el concepto de autopoiesis expuesto por Maturana y Varela (en muchos sentidos como una evolución de las ideas de Bateson) y la idea gestáltica de la autorregulación organísmica.

Todos los organismos vivos autorregulan sus procesos fisiológicos, el concepto de la autorregulación toma su significado psicológico cuando necesitamos tomar de nuestro entorno social aquello que nuestro organismo necesita, entonces la necesidad (deseo) organiza nuestra percepción del contexto, nuestro darnos cuenta. El concepto de autorregulación organísmica sólo se entiende desde una perspectiva fenomenológica e integrativa. Fenomenológica en referencia a la comprensión del sujeto como un proceso integrado en un contexto (campo), como un continuo de consciencia (en contraposición a la teoría estructurada de la personalidad que defiende el psicoanálisis) Integrativa, en primer lugar desde la perspectiva en que la neurosis es también producto de un proceso de autorregulación, una forma de manipular el ambiente en determinado contexto, un aprendizaje adaptativo.

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Uno de los párrafos del texto de Julia Kristeva hace referencia a “…un nuevo tipo de discurso científico que no pone entre paréntesis al sujeto del saber, no lo neutraliza” Recuerdo que la primera vez que leí un párrafo parecido acerca de como entender al sujeto como una estructura (cosificarlo) y no como un proceso era en cierta manera aniquilarlo, fue en un libro de Luce Irigaray,  no obstante, la misma idea resuena en cualquier discurso humanista en psicología.Con una formación intelectual muy parecida a la de Julia Kristeva; Luce Irigaray (también psicoanalista lacaniana y teórica feminista) defendía en ese libro la importancia de la comprensión de la diferencia de géneros (más allá del reparto de roles sociales) como respeto a una identidad (la mía y la del otro, hombre o mujer) que no puede completarse por si misma «Yo no soy tú, hombre, yo no soy todo y, en este sentido, no represento una unidad del género humano. El género humano está compuesto de dos géneros y ninguno puede ser el modelo del otro» Hay algo en esa cita que me recuerda a la oración de la Gestalt, “Yo soy yo, tu eres tu, yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas, tu no estás en este mundo para cumplir las mías…” A pesar que a este respecto la autora habla de la “fusión entre los dos sexos” en el tercer texto, sus ideas respecto a teoría feminista hacen una referencia más implícita a la redefinición de las identidades sexuales de manera no necesariamente unívoca, y a una represión de la sexualidad y la intelectualidad femenina mediante una reducción de la femineidad a la función materna. Ambas ideas, son complementarias en cierta manera, resulta curioso el paralelismo con el último capítulo de La pasión de la mente occidental de Richard Tarnas donde elogia la importancia de las teorías surgidas a raíz del feminismo como camino hacia la re integración de la femineidad en el pensamiento occidental.

No existe una lógica causal, ni una lógica finalista, existe una lógica sistémica basada en el sentido. Pienso que en la práctica clínica, aquello que es bueno, en el sentido de beneficioso para el paciente, y aquello que es verdadero es equiparable. En este sentido, bajo mi punto de vista el principal aporte del psicoanálisis es el reconocimiento de la importancia de la transferencia en el proceso terapéutico. “Y es mediante la restitución de la capacidad amorosa en el vínculo transferencial – antes de tomar distancia del mismo – como conduce su experiencia analítica. A partir de ser el sujeto de un discurso amoroso durante los años del análisis, toma contacto con sus potencialidades de transformación psíquica de innovación intelectual e incluso de modificación física” Esta restitución de la capacidad amorosa en la relación terapéutica me ha hecho pensar en como Karen Horney hablaba de la necesidad de afecto como la principal necesidad neurótica en la medida en que ésta se encontraba permanentemente desactualizada e insatisfecha.

Es la relación terapéutica la que es capaz de generar sentido a través de una serie de significados compartidos. En referencia a este punto, he recordado la primera vez que leí algunas de las ideas de Gregory Bateson.  Su propio recorrido intelectual supone un alegato contra los límites epistemológicos, habiendo desarrollado contribuciones significativas en biología, antropología, psicología y teoría de la comunicación.  Una de las máximas más conocidas que se le atribuyen “El mapa no es el territorio”
, Bateson cita a uno de sus colaboradores haciendo referencia a la ficción implícita del lenguaje, en el sentido de que el mecanismo de representación y el objeto representado no son equiparables. A este respecto Lacan, también definía el registro de lo real, como aquel que no puede ser representado mediante el lenguaje. El lenguaje constituye al sujeto mediante el registro simbólico. Gregory Bateson habla precisamente de la creación de significados compartidos a través del lenguaje, la estructura de esos significados es capaz de generar sentido, bienestar o malestar en un individuo que como en la teoría del doble vínculo, puede quedar atrapado en una estructura de significado, o avanzar hacia un nivel lógico de proceso: conocer cómo se conoce (cómo, no por qué) que en realidad es el objetivo de cualquier terapia.

Cuatro años de formación según las bases de la psicología científica hicieron arraigar en mí una crítica  a la psicología profunda desde esa perspectiva. El psicoanálisis ortodoxo y cualquiera de sus subescuelas así como cualquiera de las vertientes de la psicología profunda no son más que castillos de naipes racionalistas fundamentados en la fe ciega en una teoría, dotada de coherencia interna y capaz de definir la realidad en base a unas premisas no contrastadas. Bajo esta perspectiva, la práctica psicoanalítica sería en realidad como una ficción dentro de otra ficción, no sólo por lo que respecta al marco teórico sino también en referencia al propio método psicoanalítico de la interpretación , que establece como verdaderas las propias interpretaciones del analista como si no fueran fruto de un contexto relacional o de sus propias proyecciones.

A pesar de haberme acercado a la psicología Gestalt y haber sido capaz de comprender el psicoanálisis desde una perspectiva más abierta. Y de reconocer la fuerza de mi propia crítica hacia la psicología profunda (y casi hacia la práctica clínica en general) como una actitud defensiva, nunca hasta hoy, he podido dejar de reconocer la validez implícita de esta crítica. Sin embargo, últimamente he estado leyendo acerca de la mentalidad postmoderna en distintas áreas del pensamiento, a este respecto el discurso  científico ha cruzado la frontera entre la verdad y el dogma a través de la crítica de Thomas Kuhn y el cuestionamiento proveniente de la física cuántica respecto a la separación entre sujeto y objeto. El método científico tradicional es un producto cultural que es necesario sólo en la medida en que es útil para el desarrollo humano.

En el texto, la autora no introduce ninguna referencia directa al pensamiento postmoderno, ni a la psicología científica, pero sostiene un distanciamiento respecto a la perspectiva racionalista de Freud que introdujo al psicoanálisis en la paradoja que aún lo amordaza, y que amordaza en realidad cualquier intento epistemológico en psicología. ¿Por qué continuar buscando el conocimiento de aquello que es verdadero cuando no somos capaces de distinguir lo que la verdad es? ¿Por qué insistir en separar el sujeto del objeto también en terapia si por naturaleza el objeto es incognoscible? El proceso terapéutico es el producto de la relación entre terapeuta y paciente porque en definitiva es la relación la que cura, independientemente del enfoque teórico, e independientemente de terapeuta y paciente como sujetos aislados. La perspectiva dualista  (la pretensión de un modelo  científico basado en la física y fundamentado en la estadística para la psicología cognitivo conductual o la pretensión de un modelo teórico omnipresente y fundamentado en relaciones de causalidad lineal para el psicoanálisis) es el límite epistemológico de la psicología.

Relación terapéutica: Amor y transferencia

“El sujeto recurre al análisis a causa de una falta de amor. Y es mediante la restitución de la capacidadad amorosa en el vínculo transferencial – antes de tomar distancia del mismo – como conduce su experiencia analítica. A partir de ser el sujeto de un discurso amoroso durante los años del análisis, toma contacto con sus potencialidades de transformación psíquica de innovación intelectual e incluso de modificación física (…) el espacio analítico es el único lugar explícitamente designado por el contrato social en donde, hay derecho de hablar de las heridas, y de buscar nuevas posibilidades de recibir nuevas personas, nuevos discursos.” (…)

Epistemología: Ciencia y psicoanálisis

“Sin embargo, la unicidad e incluso la cientificidad indispensable de una interpretación es una evolución que está basada en criterios lógicamente unificables, pero que opera sobre un objeto que es en el fondo imaginario: el dualismo amoroso del analizado y la construcción (más o menos identificatoria o proyectiva) que el analista hace a partir de ésta. Insistir en esta trama nutre la “verdad” analítica, la acerca tanto al dominio de la fe como al de la ficción narrativa, que expresa en ambos camos – el del análisis y el de la religión – un sujeto desestabilizado en permanente búsqueda de estabilización” (…) “El psicoanálisis  es un nuevo tipo de discurso científico (…)porque no ponen entre paréntisis el sujeto del saber, no lo neutraliza”(…) “El efecto de verdad científica depende de la contrucción de un vínculo o de unas palabras, cuya “realidad histórica” importa poco, ya que lo único que importa es el sentido, en un principio imaginario y por consiguiente, real y simbólico, que se establece entre ambos (…)”…En la actualidad la posición del analista terapeuta, a diferencia de la de Freud, y con un racionalismo menos meticuloso – ¿acaso con menor culpa respecto del racionalismo, o inclusive con menor optimismo en cuanto al poder benéfico de la razón – consituiría en restituir todo su valor terapéutico y epistemológico a la ilusión”

Vacío fértil

“El signo xu, (ideograma chino) que significa vacio se escribe con la imagen estilizada de un “tigre” sobre una “loma”, y evoca el espíritu yang pronto a saltar sobre el yin. (…) …la lengua oral dice “creer” por medio de xin fu, donde el elemento fu significa “casarse”, “abandonarse”. Tal vez la evocación de una fusión entre los dos sexos (…)impregne semejante concepción en donde el hombre se vive solidario del mundo cuya creación recomienza en cada uno de sus actos” (…) “Tal vez (en referencia al psicoanálisis) opere esta metamorfósis lúdica que hace que al final de la cura consideremos la palabra como cuerpo, el cuerpo como palabra, donde plenitud demuestra estar inscrita de un “vacío” que es tan sólo el vaciamiento -por la palabra- de un exceso de sentido de violencia o de angustia. La inscripción del “salto del tigre sobre una loma”

Julia Kristeva “En el comienzo estaba el amor”
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“En el comienzo era el verbo” (Juan, I, 1) Mi profesora de filosofía de segundo de bachillerato empezó las clases sobre el psicoanálisis escribiendo esta cita en la pizarra. Durante esas clases yo decidí estudiar psicología.

Los textos de Julia Kristeva que selecciono arriba me han devuelto a aquel momento. Algunas veces,  una sola frase, una imagen o una idea, son capaces de sugerir relaciones entre conceptos de las que no había sido consciente hasta ese momento y que son capaces de unirse para crear nuevas asociaciones y significados. Los siguientes artículos siguen un mismo hilo argumental acerca de las limitaciones epistemológicas de la psicología tradicional, la relación entre mente y cuerpo, la autorregulación organísmica y la integración a través de la síntesis de los opuestos.

Sinopsis:

El cuestionamiento derivado de la visión postmoderna acerca del dualismo y la separación entre sujeto y objeto ha puesto contra las cuerdas por un lado el paradigma científico tradicional en el sentido en que había sido adaptado por la psicología científica y el modelo de pensamiento racionalista – mecanicista del que es heredero el psicoanálisis.

Por un lado, mientras que el cuestionamiento de la naturaleza cognoscible de la realidad se hace más evidente, diversas corrientes herederas del estructuralismo y el constructivismo proponen el lenguaje no como una forma de describir una realidad que no podemos alcanzar, sino como una forma de construir esa realidad. Es el lenguaje como instrumento de la relación terapéutica el que dotado de contenido a través de la transferencia, del amor en definitiva, es capaz de crear nuevos discursos y formas nuevas de estar en el mundo.

Asimismo, en el extremo de esa postura se encuentra el argumento de resonancia Spinozista expuesto por Gregory Bateson que propone la equivalencia entre procesos mentales y materiales, aprendizaje y evolución. Mente y naturaleza como las dos caras de la misma moneda. La neurobiología, podría considerarse una disciplina intermedia entre los procesos mentales y el sustrato biológico de la consciencia. En el libro En Búsqueda de Spinoza, Antonio Damasio usa el argumento de Spinoza para sostener un puente entre cerebro y consciencia, filosofía y ciencia, y en última instancia entre el razonamiento moral y un sustrato neurobiológico producto de un aprendizaje evolutivo.

Siguiendo este hilo argumental, llegamos fácilmente a la idea de la autopoiesis y la autorregulación organísmica como concepto que aúna la evolución y el aprendizaje como procesos naturales de autorregulación, como formas de adaptación a un contexto cuya percepción se organiza en función de lo que el organismo necesita. Desde este punto de vista, el proceso de darnos cuenta, la consciencia, es el continuo que se establece en la relación del individuo con el ambiente.

Llegados a este punto, podemos llevar la crítica a la concepción dualista en la perspectiva epistemológica tradicional en psicología un paso más allá, el dualismo escinde la consciencia en la medida en que divide al sujeto entre yo y autoconcepto, en la medida en que establece distinciones entre conceptos que sólo son reales en el nivel simbólico del lenguaje, y escinde también el proceso natural de evitación – contacto que regula la relación del individuo con el ambiente impidiéndole distinguir genuinamente su propio deseo y responder a él.

La síntesis de los opuestos como proceso de integración construye a través de la palabra en la relación terapéutica una realidad nueva donde la lógica formal deja paso a una lógica dialéctica e integrativa. A una forma de pensar el mundo que comprende e integra los extremos de las contradicciones inherentes al pensamiento conceptual tradicional, dotando al individuo simultáneamente de la capacidad de organizar un discurso verdaderamente propio acerca de sí mismo, y establecer a su vez pautas significativas de relación que le permitan comprender el mundo más allá de las sendas previamente marcadas por la lógica tradicional.

“…hay en vuestros besos beatitud tan grande

porque la caricia retiene, y el sitio

que vuestra ternura recubre, persiste;

porque en el hechizo del amor la pura duración sentís.

Tanto que al abrazo lo creéis promesa de una eternidad…”

Se puede leer diez veces un poema de diez maneras distintas. Algunos versos me han gustado  la primera vez que los he leído sólo por una imagen o por una trascendencia que he podido intuir  sólo a medias. Hará unos cinco años que leí este verso de la segunda elegía, lo copié y he sido capaz de recordarlo hasta ahora porque entonces la imagen de la piel que retiene el contacto de una caricia me pareció hermosa. Entendí el verso como la imagen romántica de un contacto que permanece y es la promesa de algo que no debe ser fugaz.

Hoy me he levantado con este verso en la cabeza, y cuando he ido a buscar el poema para releerlo he descubierto que entendía algo completamente distinto. Ahora pienso que Rilke hablaba de la plenitud de un momento que es eterno precisamente porque es fugaz. Usa la figura de los ángeles para contraponerla con la de los hombres,  bajo una forma  religiosa esconde un fondo profundamente secular. Somos reflejos inconstantes de la eternidad, y aquello que nos mantiene unidos con esa eternidad, aquello que nos hace parecernos por un momento a los ángeles es  ese contacto fugaz que retiene una promesa.

El poema me parece ahora incluso más profundo y más hermoso. Últimamente, he sido más consciente de la relación que existe para mí entre el placer y el miedo. El placer es el contacto, un momento de intimidad perecedera. El miedo es para mí a  el temor de que esa promesa de eternidad no pueda cumplirse, y a la vez, el miedo de perderse a uno mismo en el contacto con el otro, en realidad,  son dos formas de decir lo mismo. “Pues, para nosotros sentir es diluirnos. / ¡Ay! Nos exhalamos y nos disipamos. /Y de brasa en brasa damos un perfume cada vez más débil”

Siento ahora que soy capaz de una plenitud más grande y de un miedo más consciente. Imagino que si debe existir alguna forma de equilibrio en el amor, está en ese lugar intermedio entre el placer y el miedo.

Copio el poema entero para los que lo queráis leer:

Segunda Elegía


Terrible es todo ángel.

No obstante, a sabiendas yo os invoco y nombro,

Pájaros mortales casi para el alma.

¡Qué lejos los tiempos de Tobías, cuando

frente a la sencilla puerta de la choza

levantábase uno de los más radiantes

disfrazado apenas para el viaje, a punto de no ser temible.

Joven para el joven:

¡con qué ojos curiosos miraba a lo lejos!

Si ahora, imponente, llegara el arcángel tras de las estrellas

y hacia acá tan sólo descendiera un paso:

latiendo a su encuentro

los golpes del corazón ansioso

nos abatirían.

Primeras criaturas perfectas, mimados del mundo,

líneas en alturas, rojizas crestas matinales

de todo lo creado, polen de la divinidad floreciente,

espacios de la esencia, escudos de gozo,

bravíos tumultos de impetuosos éxtasis

y de pronto, aislados

espejos que en ondas vuelcan la belleza

y la reproducen en su propio rostro.

Pues, para nosotros sentir es diluirnos.

¡Ay! Nos exhalamos y nos disipamos.

Y de brasa en brasa damos un perfume cada vez más débil.

Entonces alguno nos dice:

“Pasas a mi sangre… esta sala y esta primavera

se llenan contigo”.

Pero, ¿de qué vale? No puede él tenernos

y en él y en su torno desapareceremos.

¿Y a ésos que son tan bellos? ¡Oh! ¿Quién los retiene?

A su rostro sube de modo constante la apariencia y váse.

Como de la hierba temprana el rocío,

Trasciende lo nuestro de nosotros, como

de un manjar caliente trasciende el calor.

¿Sonreír? ¿Adónde? Levantar los ojos:

una nueva y cálida onda que del propio

corazón se escapa.

¡Ay de mí! No obstante, somos eso. ¿Acaso

tiene el universo donde nos diluimos un sabor humano?

¿No toman los ángeles

realmente lo suyo, lo que de ellos mana?

¿O también, a veces, hay al mismo tiempo, como por descuido,

siquiera una parte de la esencia nuestra?

¿Acaso en sus rasgos estamos mezclados

tanto cual lo vago lo está en el semblante de mujer encinta?

¡Cómo lo sabrían!

Los que aman podrían, si lo comprendieran,

decir en la noche palabras extrañas.

Contempla los árboles: son. Y todavía

subsisten las casas en donde vivimos.

Tan sólo nosotros pasamos delante de todas las cosas como aire furtivo.

Y para acallarnos todo se concierta, medio por vergüenza

tal vez y otro tanto como una inefable esperanza.

¡Oh, amantes, vosotros que os bastáis a solas! A vosotros quiero

preguntar qué somos. Os tomáis las manos. ¿Poseéis las pruebas?

Mirad: me acontece que entre sí mis manos

se saben o en ellas mi rostro gastado se halaga.

Y así, soy un tanto conciente de mí.

Mas, ¿quién osaría ser por esto sólo?

Vosotros, en cambio,

que en el éxtasis del otro os agrandáis

hasta que él os ruega, subyugado: ¡Basta!…

los que entre las manos os hacéis más plenos,

cual los años las uvas;

los que muchas veces desaparecéis

sólo porque el otro prevalece en todo,

de nuevo os pregunto: ¿Qué somos?… Lo sé:

hay en vuestros besos beatitud tan grande

porque la caricia retiene, y el sitio

que vuestra ternura recubre, persiste;

porque en el hechizo del amor la pura duración sentís.

Tanto que al abrazo lo creéis promesa de una eternidad.

Y, no obstante, cuando

os habéis repuesto del susto del primer encuentro

y de la nostalgia junto a la ventana

y de ese paseo,

el único, juntos a través del huerto:

¡Oh, amantes!… Entonces, ¿lo sois todavía?

Cuando el uno al otro os alzáis en brazos

bebiendo en la boca… sorbo contra sorbo…

¡con qué extraña prisa se evade del acto luego el bebedor!

¿No habéis contemplado con asombro sobre las estelas áticas

toda la prudencia del humano gesto?

¿Sobre las espaldas el Amor no estaba

y el Adiós posados, tan ligeros como

hechos e materia distinta a la nuestra?

Recordaos cómo descansan sus manos ingrávidas

por más que en los torsos el vigor perdura.

Dueños de sí mismos, ellos bien lo sabían:

Hasta aquí llegamos… Lo nuestro es rozarnos así.

Con más fuerza en nosotros presionan los dioses.

Pero éste es asunto que concierne a ellos.

Ojalá nosotros también encontráramos

siquiera una escasa, duradera y pura porción de lo humano,

una franja nuestra de tierra fecunda

entre río y roca, Pues, aún el propio

corazón, como ellos, sin cesar se eleva

por sobre nosotros. Y nuestra miradas no pueden seguirlo

hasta en las imágenes que lo tranquilizan,

ni aún en los cuerpos divinos en donde,

más grande, se calma.

“…la realidad tiende a desplegarse en respuesta al marco simbólico particular y al conjunto de supuestos que emplea cada individuo y cada sociedad. Son tales la complejidad y la diversidad intrínsecas del fondo de datos que la mente humana tiene a su disposicón, que en él pueden apoyarse de modo admisible múltiples concepciones diferentes de la naturaleza última de la realidad. El ser humano, por tanto debe elegir entre una multiplicidad de opciones potencialmente viables, y cualquiera que sea su elección ésta afectará simultánemante a la naturaleza de la realidad y al sujeto que realiza la opción. Desde este punto de vista, aunque hay en el mundo y en la mente muchas estructuras definidioras que se resisten o que fuerzan de diversas maneras el pensamiento y la actividad humanos, existe también un nivel fundamental en el que el mundo tiende a ratificar la visión que a él se dirige y a abrirse de acuerdo a ella. El mundo que el ser humano trata de conocer y de rehacer es, en cierto sentido, producido proyectivamente por el marco de referencia con el que se aborda.

Esta posición pone el acento en la inmensa responsabilidad inherente a la situación humana, y también a su inmensa potencialidad. Puesto que la evidencia puede aducirse e interpretarse como corroboración de una serie prácticamente ilimitada de cosmovisiones, el reto al que el hombre debe responder radica en adoptar la cosmovisión o conjunto de perspectivas que produzca las consecuencias más valiosas, las que más ayuden a mejorar la calidad de vida . La “crisis humana” se ve aquí como  la aventura humana: el desafío de ser, in potentia, un ente radicalmente autodefinido, […] en un universo auténticamente abierto.  […] Cuanto más complejamente conscientes y extentos de compulsión ideológica sean el individuo y la sociedad, tanto más libre será la elección de mundos y más profunda su participación en la realidad creadora

Richard Tarnas, La pasión de la mente occidental

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La cita está sacada del último capítulo del libro que me estoy leyendo ahora. La pasión de la mente occidental hace un recorrido por la evolución del pensamiento desde los filósofos presocráticos hasta el siglo XX.  El libro está narrado con una gran claridad, tanto en las ideas que se han desarrollado  a lo largo de la evolución del pensamiento occidental como en la visión panorámica que las va entrelazando.  Hace énfasis en la progresiva ‘emancipación’ de la conciencia, siempre según la perspectiva occidental, a lo largo de los siglos.

El trozo que elegido para comentar, me parece un buen ejemplo de esta visión emancipadora del recorrido del pensamiento. La modernidad ha traído consigo tanto la cima de la cosmovisión occidental como su propia aniquilación, de la misma manera como  sucedió con el pensamiento medieval teísta en el paso de la edad media al renacimiento. La muerte de Dios que Nietzsche anunciaba a finales del siglo XIX llevaba siglos fragúandose, el libro recorre a la metáfora de una “revolución copérnicana” que tendría como máximos exponentes al propio Copérnico, a Darwin y a Freud. El hombre como criatura insignificante desalojada del centro de cosmos y de la creación, en un universo indiferente y una naturaleza hostil. Desalojado en última instancia del dominio de su propia razón y de la consciencia. Esta concepción moderna heredaba y ahondaba aún más en la concepción dualista del mundo propias del cristianismo y de la filosofía platónica. En la medida en que la ciencia contradecía cada vez con más fuerza los postulados de la fé, el sujeto ahondaba cada vez más en su propia consciencia como individuo aíslado del mundo y de la realidad que le rodeaba. La distinción que inició Descartes con el planteamiento del “cogito” frente a la naturaleza externa a su pensamiento fue concluída por Kant postulando la imposibilidad del hombre de conocer la realidad directamente sin estar ésta mediatizada por las propias estructuras de su mente. Finalmente, el propio pensamiento científico debía reconocer a través de Kuhn la evidencia de su subjetivismo, el conocimiento científico podía ser útil a la humanidad pero nunca podría ser absolumente verdadero pues siempre estaría conformado por el medio cultural en el que se desarrollaba y muy significativamente por la presión de los paradigmas dominantes en la concepción científica de cada momento.

Así pues, el límite de la visión dualista moderna llevaba a su propia extinción. Cualquier distinción entre sujeto y objeto, entre mente y materia, es una ficción en la medida en que el objeto no puede conformarse sin el sujeto y a la inversa (Como la concepción gestáltica de figura y fondo) Cualquier cosmovisión construída en base a esa concepción sería pues ficticia y totalitaria. El paso hacía el relativismo propio de la postmodernidad estaba abierto, el existencialismo, el nihilismo, y el desamparo metafísico propio de la carencia de referentes  han caracterizado el pensamiento del siglo XX.

He elegido este texto porque entre líneas hace incapié en la idea del “vacío fertil”, la libertad y la responsabilidad que conlleva la pérdida de los condicionantes y las estructuras predefinidas. Ese camino hacia la emancipación de la consciencia, se da de una forma muy parecida en la consciencia individual, en la consciencia social y en la historia del pensamiento. El derrumbe de los modelos definidos a priori, trae consigo la angustia y el desasosiego, (a este respecto el autor usa como metáfora, un tanto forzada, la idea del doble vínculo definida por Bateson aplicándola a la relación del hombre con la naturaleza), pero también la gestación de una nueva síntesis más completa. La consciencia humana avanza en todos sus niveles a través de una generación dialéctica capaz de disolver viejos paradigmas para construir formas más amplias de entender el mundo.  Siguiendo con las referencias cruzadas con la psicología profunda,  existe un cierto paralelismo entre las ideas descritas en el último capítulo y la superación de arquetipos definidos por Jung como la sombra y el anima. A este respecto, cómo síntesis final de este camino de emancipación al que hace referencia el autor, la integración de los opuestos  hace referencia en este último capítulo a la necesidad de la integración de la femineidad reprimida en la consciencia de la humanidad.


“Es com la poesia: un bon poema,
per bell que sigui, ha de ser cruel.
No hi ha res més. La poesia és ara
l’última casa de misericòrdia.”

Joan Margarit

La poesia que més m’agrada té una aparença senzilla i una força amagada. La poesia que més m’agrada entra gairebé com un cop de puny fet de paraules. La poesia que més m’agrada es fa i es desfà en cada lectura: al cap de cinc minuts, de dos dies o de cinc anys, s’omple d’un significat nou cada vegada, com un aparellatge perfecte. La poesia que més m’agrada és gairebé un obra d’enginyeria amb l’aparença d’un vers.

Aquesta introducció una mica pedant em serveix per dir que he descobert un poeta que m’agrada i tinc ganes de compartir-ho. Copio un parell de versos del Joan Margarit que m’arriben especialment:

Tendències

Teníem uns dotze anys, i d’aquell noi
recordo sobretot els seus mitjons.
Blancs com la lluna.
Però un dia que els duia amb un forat,
dessota la blancor es veia la ronya.
Com el més brut que dúiem tots a dins.
No pot haver-hi tractes amb ningú
si un no admet humiliacions

Joan Margarit, Misteriosament feliç

La primera vegada

Ens vam trobar a la Plaça Catalunya,
davant la filera de rellotges
que marcaven l’horari de les ciutats del món.
Ja no he parat de riure o de plorar per tu.
La lluna sempre ha estat als vidres freds
de les finestres de la nostra vida
com un d’aquells rellotges, que ara marquen
el passat i el demà del nostre amor.
En alguna ciutat del pensament
jo t’estaré estimant
quan marqui la teva hora solitària
l’esfera de la lluna sobre el mar.

Joan Magarit, Casa de Misericòrdia

Si les teves paraules ja no m’expliquen

i si m’he tornat estranya de mi mateixa.

Aleshores, qui sóc jo?

Si em miro i no et reconec

i la teva part de mi ja no em pertany.

Aleshores, qui sóc jo?

Sóc aquesta por que s’escola

com l’aire fred per una esquerda.

Sóc un solar buit

ple de vidres trencats.

Sóc la meva primavera més cruel

i una nit ferida per l’alba.

Sóc el silenci abans d’un mot

i un somni inacabat.

No sé qui sóc.

—————————————

Si tus palabras ya no pueden explicarme

y si me he vuelto extraña para mi misma.

Entonces, ¿quién soy yo?

Si me miro y no te reconozco

y tu parte de mi ya no me pertenece.

Entonces, ¿quién soy yo?

Soy este miedo que se escurre

como el aire frío por una grieta.

Soy un solar vacío

lleno de vidrios rotos.

Soy mi primavera más cruel

y una noche herida por el alba

Soy el silencio antes de una palabra

y un sueño inacabado.

No sé quién soy.

“Nuestro sentido común sólo sabe distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, entre la luz y las sombras, aquí está el camino y esto es el bosque. Pero las decisiones que hacen de la vida algo que merece la pena, son las decisiones que tomamos con el corazón y con las entrañas, con los ojos cerrados y en un salto de fé” Cuando Hamon me enseñó este texto, le pregunté de quién era y me dijo que era mío. Es el texto con el que empecé el blog y ni siquiera recordaba haberlo escrito.

Ha pasado más de un año, ha llegado octubre y el verano se esconde ya detrás de los velos de la memoria. Dentro mío hay un lugar para el amor y un lugar para la nostalgia. Un lugar para el miedo y  para una esperanza que busco a tientas. Siento que cada día empuja la rueda de un cambio invisible y que el otoño que empieza ya no será el padre de un invierno aciago… Espero con las manos tendidas hacía el vacío la respuesta a una pregunta infinita. Y por primera vez, esa fé de la que hablaba hace más de un año me corresponde a mí más que a ninguna otra persona. Hoy siento que todo está por hacer.