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Pocas veces unos versos son tan certeros. Tanto que al leerlos he deseado apropiármelos para describir con las palabras de otro mis sentimientos.

ARENA Y AIRE

¿En dónde sino en el aire mis castillos?
¿De qué sino de arena mis murallas?
Pues el hierro ya es orín,
de la piedra sólo hay polvo,
el mármol se hizo añicos.

Mas a oscuras y en silencio,
de arena y en el aire,
temblando,
mis torres prevalecen.

BUSCO

Busco lo que busco yo,
lo que el alba me propuso.

Busco y clamo, pido y quiero
la llama, la ventura,
el sauce y el aromo.

Gacelas de amor, casidas,
una mar en cada mar,
una estrella cada noche…

Historias del corazón,
una ventana encendida.

¡Las espadas como labios
y ese rayo que no cesa!

ÍCARO

¿Y qué, si ciega la luz y quema?
¿Si la cera se derrite?

“…hay en vuestros besos beatitud tan grande

porque la caricia retiene, y el sitio

que vuestra ternura recubre, persiste;

porque en el hechizo del amor la pura duración sentís.

Tanto que al abrazo lo creéis promesa de una eternidad…”

Se puede leer diez veces un poema de diez maneras distintas. Algunos versos me han gustado  la primera vez que los he leído sólo por una imagen o por una trascendencia que he podido intuir  sólo a medias. Hará unos cinco años que leí este verso de la segunda elegía, lo copié y he sido capaz de recordarlo hasta ahora porque entonces la imagen de la piel que retiene el contacto de una caricia me pareció hermosa. Entendí el verso como la imagen romántica de un contacto que permanece y es la promesa de algo que no debe ser fugaz.

Hoy me he levantado con este verso en la cabeza, y cuando he ido a buscar el poema para releerlo he descubierto que entendía algo completamente distinto. Ahora pienso que Rilke hablaba de la plenitud de un momento que es eterno precisamente porque es fugaz. Usa la figura de los ángeles para contraponerla con la de los hombres,  bajo una forma  religiosa esconde un fondo profundamente secular. Somos reflejos inconstantes de la eternidad, y aquello que nos mantiene unidos con esa eternidad, aquello que nos hace parecernos por un momento a los ángeles es  ese contacto fugaz que retiene una promesa.

El poema me parece ahora incluso más profundo y más hermoso. Últimamente, he sido más consciente de la relación que existe para mí entre el placer y el miedo. El placer es el contacto, un momento de intimidad perecedera. El miedo es para mí a  el temor de que esa promesa de eternidad no pueda cumplirse, y a la vez, el miedo de perderse a uno mismo en el contacto con el otro, en realidad,  son dos formas de decir lo mismo. “Pues, para nosotros sentir es diluirnos. / ¡Ay! Nos exhalamos y nos disipamos. /Y de brasa en brasa damos un perfume cada vez más débil”

Siento ahora que soy capaz de una plenitud más grande y de un miedo más consciente. Imagino que si debe existir alguna forma de equilibrio en el amor, está en ese lugar intermedio entre el placer y el miedo.

Copio el poema entero para los que lo queráis leer:

Segunda Elegía


Terrible es todo ángel.

No obstante, a sabiendas yo os invoco y nombro,

Pájaros mortales casi para el alma.

¡Qué lejos los tiempos de Tobías, cuando

frente a la sencilla puerta de la choza

levantábase uno de los más radiantes

disfrazado apenas para el viaje, a punto de no ser temible.

Joven para el joven:

¡con qué ojos curiosos miraba a lo lejos!

Si ahora, imponente, llegara el arcángel tras de las estrellas

y hacia acá tan sólo descendiera un paso:

latiendo a su encuentro

los golpes del corazón ansioso

nos abatirían.

Primeras criaturas perfectas, mimados del mundo,

líneas en alturas, rojizas crestas matinales

de todo lo creado, polen de la divinidad floreciente,

espacios de la esencia, escudos de gozo,

bravíos tumultos de impetuosos éxtasis

y de pronto, aislados

espejos que en ondas vuelcan la belleza

y la reproducen en su propio rostro.

Pues, para nosotros sentir es diluirnos.

¡Ay! Nos exhalamos y nos disipamos.

Y de brasa en brasa damos un perfume cada vez más débil.

Entonces alguno nos dice:

“Pasas a mi sangre… esta sala y esta primavera

se llenan contigo”.

Pero, ¿de qué vale? No puede él tenernos

y en él y en su torno desapareceremos.

¿Y a ésos que son tan bellos? ¡Oh! ¿Quién los retiene?

A su rostro sube de modo constante la apariencia y váse.

Como de la hierba temprana el rocío,

Trasciende lo nuestro de nosotros, como

de un manjar caliente trasciende el calor.

¿Sonreír? ¿Adónde? Levantar los ojos:

una nueva y cálida onda que del propio

corazón se escapa.

¡Ay de mí! No obstante, somos eso. ¿Acaso

tiene el universo donde nos diluimos un sabor humano?

¿No toman los ángeles

realmente lo suyo, lo que de ellos mana?

¿O también, a veces, hay al mismo tiempo, como por descuido,

siquiera una parte de la esencia nuestra?

¿Acaso en sus rasgos estamos mezclados

tanto cual lo vago lo está en el semblante de mujer encinta?

¡Cómo lo sabrían!

Los que aman podrían, si lo comprendieran,

decir en la noche palabras extrañas.

Contempla los árboles: son. Y todavía

subsisten las casas en donde vivimos.

Tan sólo nosotros pasamos delante de todas las cosas como aire furtivo.

Y para acallarnos todo se concierta, medio por vergüenza

tal vez y otro tanto como una inefable esperanza.

¡Oh, amantes, vosotros que os bastáis a solas! A vosotros quiero

preguntar qué somos. Os tomáis las manos. ¿Poseéis las pruebas?

Mirad: me acontece que entre sí mis manos

se saben o en ellas mi rostro gastado se halaga.

Y así, soy un tanto conciente de mí.

Mas, ¿quién osaría ser por esto sólo?

Vosotros, en cambio,

que en el éxtasis del otro os agrandáis

hasta que él os ruega, subyugado: ¡Basta!…

los que entre las manos os hacéis más plenos,

cual los años las uvas;

los que muchas veces desaparecéis

sólo porque el otro prevalece en todo,

de nuevo os pregunto: ¿Qué somos?… Lo sé:

hay en vuestros besos beatitud tan grande

porque la caricia retiene, y el sitio

que vuestra ternura recubre, persiste;

porque en el hechizo del amor la pura duración sentís.

Tanto que al abrazo lo creéis promesa de una eternidad.

Y, no obstante, cuando

os habéis repuesto del susto del primer encuentro

y de la nostalgia junto a la ventana

y de ese paseo,

el único, juntos a través del huerto:

¡Oh, amantes!… Entonces, ¿lo sois todavía?

Cuando el uno al otro os alzáis en brazos

bebiendo en la boca… sorbo contra sorbo…

¡con qué extraña prisa se evade del acto luego el bebedor!

¿No habéis contemplado con asombro sobre las estelas áticas

toda la prudencia del humano gesto?

¿Sobre las espaldas el Amor no estaba

y el Adiós posados, tan ligeros como

hechos e materia distinta a la nuestra?

Recordaos cómo descansan sus manos ingrávidas

por más que en los torsos el vigor perdura.

Dueños de sí mismos, ellos bien lo sabían:

Hasta aquí llegamos… Lo nuestro es rozarnos así.

Con más fuerza en nosotros presionan los dioses.

Pero éste es asunto que concierne a ellos.

Ojalá nosotros también encontráramos

siquiera una escasa, duradera y pura porción de lo humano,

una franja nuestra de tierra fecunda

entre río y roca, Pues, aún el propio

corazón, como ellos, sin cesar se eleva

por sobre nosotros. Y nuestra miradas no pueden seguirlo

hasta en las imágenes que lo tranquilizan,

ni aún en los cuerpos divinos en donde,

más grande, se calma.

“Es com la poesia: un bon poema,
per bell que sigui, ha de ser cruel.
No hi ha res més. La poesia és ara
l’última casa de misericòrdia.”

Joan Margarit

La poesia que més m’agrada té una aparença senzilla i una força amagada. La poesia que més m’agrada entra gairebé com un cop de puny fet de paraules. La poesia que més m’agrada es fa i es desfà en cada lectura: al cap de cinc minuts, de dos dies o de cinc anys, s’omple d’un significat nou cada vegada, com un aparellatge perfecte. La poesia que més m’agrada és gairebé un obra d’enginyeria amb l’aparença d’un vers.

Aquesta introducció una mica pedant em serveix per dir que he descobert un poeta que m’agrada i tinc ganes de compartir-ho. Copio un parell de versos del Joan Margarit que m’arriben especialment:

Tendències

Teníem uns dotze anys, i d’aquell noi
recordo sobretot els seus mitjons.
Blancs com la lluna.
Però un dia que els duia amb un forat,
dessota la blancor es veia la ronya.
Com el més brut que dúiem tots a dins.
No pot haver-hi tractes amb ningú
si un no admet humiliacions

Joan Margarit, Misteriosament feliç

La primera vegada

Ens vam trobar a la Plaça Catalunya,
davant la filera de rellotges
que marcaven l’horari de les ciutats del món.
Ja no he parat de riure o de plorar per tu.
La lluna sempre ha estat als vidres freds
de les finestres de la nostra vida
com un d’aquells rellotges, que ara marquen
el passat i el demà del nostre amor.
En alguna ciutat del pensament
jo t’estaré estimant
quan marqui la teva hora solitària
l’esfera de la lluna sobre el mar.

Joan Magarit, Casa de Misericòrdia

Esto es un homenaje, está sacado del libro “La soledad en las parejas” de Dorothy Parker, que leí hace unos añitos y luego he vuelto a releer en el curso para ilustrar el tema del flujo de consciencia, y me ha hecho mucha gracia, si lo leeis ya os imaginaréis porque 🙂

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Muchas gracias. Me encantaría.

No quiero bailar. No quiero bailar con nadie. Y aunque quisiera, no seria ni mucho menos con él. Estaría entre los últimos diez de la lista. He visto la manera en que baila; parece lo que se hace la noche de San Walpurgis. Imagínate, no hace ni un cuarto de hora que estaba aquí sentada y sentía mucha pena por la pobre chica que bailaba con él. Y ahora seré yo, la pobre chica. Ay, ay, que pequeño es el mundo.

Y además es un mundo fantástico. Un auténtico paraíso. Lo que pasa es tan fascinadoramente imprevisible… Yo estaba aquí, sin meterme donde no me pedían, sin hacer daño a nadie. Y entonces él entra en mi vida, todo sonrisas y urbanidad, para rogarme que le conceda una mazurca memorable. Caramba, si difícilmente sabe como me llamo, y no hablemos de qué significa mi nombre. Significa desespero, perplejidad, futilidad, degradación y asesinato premeditado, pero él sabe muy pocas cosas. Yo tampoco se como se llama; no tengo ni idea. Sospecho que Jukes, por su mirada. ¿Como está, Señor Jukes? ¿como está su hermano pequeño, el de las dos cabezas?

Ah, ¿Porque tenia que venir a solicitarme cosas bajas? ¿Porque no podía dejar que hiciese mi vida? Pido tan poco… sólo que me dejaran sola en mi rincón silencioso de la mesa, para poder pensar en mis penas como cada noche. Y ha tenido que venir él, con sus reverencias, y sus me-concede-este. Y yo voy y le digo que me encantaría bailar con él. No entiendo por qué no he caído muerta en el acto. sé, caer muerta sería como ir de excursión al lado del esfuerzo de bailar con este chico. Pero, ¿que podía hacer? En la mesa todos se habían levantado para bailar, excepto yo y él. Estaba atrapada. Atrapada como una trampa en una trampa.

¿Qué puedes decir cuando un hombre te pide para bailar? No bailaré de ningún modo contigo, antes nos veremos en el infierno. Gracias, me gustaría muchísimo, pero tengo las contracciones del parto. Oh, si, bailemos, es tan agradable conocer un hombre que no tiene miedo que le contagie el beri-beri. No, no podía hacer nada, a parte de decir que me encantaría. Bien, vale más que empecemos. De acuerdo, bala de cañón, corramos por el campo. Has ganado el sorteo, tú guías.
– Pues me parece que en realidad es un vals, ¿no? Podríamos escuchar un segundo la música, ¿eh? Oh, sí, es un vals. ¿Si me molesta? simplemente me entusiasma. Me encantaría que bailásemos un vals.

Me encantaría que bailásemos un vals. Me encantaría que bailásemos un vals. Me encantaría que me quitaran las amígdalas, me gustaría encontrarme en un incendio a media noche y en alta mar. Bien, ahora es demasiado tarde. Nos ponemos en marcha. Oh. Oh, ostras, ostras, ostras, ostras. Oh, hasta es peor de lo que me pensaba. Supongo que es la única ley que no falla nunca en esta vida: todo es siempre peor de lo que te pensabas. Oh, si hubiera tenido una idea real de como sería este baile habría insistido en no bailarlo.

Probablemente al final será lo mismo. Si continúa así, de aquí a un momento estaremos sentados en el suelo y tendremos que terminar.

Estoy muy contenta de haberle hecho notar que esto que tocan es un vals. Quien sabe que habría pasado si se hubiese pensado que era una cosa rápida; nos habríamos cargado las paredes del edificio. ¿Por qué siempre quiere estar donde no esté? ¿Por qué no nos podemos quedar en un sitio el tiempo suficiente para aclimatarnos? Esta prisa, prisa, prisa constante, la maldición de la vida americana. Es por esto que todos estamos… ¡Ay! por el amor de Dios, no me des una patada, idiota; solamente estamos en el segundo down. Oh, la pierna. Mi pobre, pobre pierna, que tengo desde que era pequeña.

– Oh, no, no, no. Dios mío, no. No me hecho nada de daño. Y de todas maneras ha sido por mi culpa. Y tanto que si. De verdad. Bien, eres muy amable, diciendo eso. Realmente solo ha sido culpa mía.

No se que es mejor que haga: matarlo ahora mismo, con mis propias manos, o esperar y dejar que caiga reventado. Quizás es mejor no hacer una escena. Me parece que intentaré pasar desapercibida y miraré como el ritmo le envía al otro barrio. No puede seguir así indefinidamente, solamente es de carne y huesos. Pero debe morir, y morirá, por lo que me ha hecho. No quiero ser muy susceptible, pero que no me digan que la patada no estaba premeditada. Freud dijo que no había accidentes. Yo no he vivido precisamente enclaustrada. He conocido parejas de baile que me han destrozado las zapatillas y me han roto el vestido, pero cuando se trata de dar patadas, soy Feminidad Ultrajada. Cuando me da una patada en la pierna, sonríe.

Quizás no lo ha hecho con malicia. Quizás es la manera que tiene de demostrarme su entusiasmo. Supongo que debería estar contenta de que uno de los dos se lo pase tan bien. Supongo que me debería considerar afortunada si me devuelve viva. Quizás es ser muy exigente exigir que un hombre que es prácticamente un desconocido te deje las piernas tal y como las ha encontrado. Después de todo, pobre, lo hace tan bien como puede. Es probable que se criara en el campo, y que nunca haya ido a la escuela. Seguro que tenían que sentarlo para atarle los zapatos.

– Si, es fantástico ¿eh? Es simplemente fantástico. Es el vals mas fantástico, ¿no? Oh, yo también creo que es fantástico.

Caramba, verdaderamente cada vez me siento mas atraída por la triple amenaza. Es mi héroe. Tiene un corazón de león, y la fuerza de un búfalo. Míralo: nunca piensa en las consecuencias, nunca le asusta la cara que tiene, se lanza a cualquier pelea, los ojos brillantes, las mejillas encendidas. ¿Y se puede decir que yo me quedo atrás? No y mil veces no. ¿Y a mi qué si he de pasar los próximos dos años enyesada? ¡Venga, forzudo, adelante! ¿Quien quiere vivir eternamente?
Oh, ostras, ostras. Oh, no se ha hecho nada gracias a Dios. Por un momento he pensado que lo habrían de retirar de la pista. Ah, no soportaría que le pasara nada.
Lo amo. Es la persona que más amo del mundo. Mira que espíritu que pone, en un vals aburrido y vulgar; que amanerados que parecen el resto de bailadores a su lado. Es la juventud, el vigor, el coraje, es la fuerza, la alegría, y… ¡Ay! No me pises el pie, ¡idiota! ¿Que te crees que soy? ¿Una plancha? ¡Ay!

– No, claro que no me has hecho daño. Nada de nada. De verdad. Y ha sido culpa mía. Este pasito que haces… bien, es fantástico, pero al principio es un poco complicado de seguir. Oh ¿lo has inventado tú? Si, ¿de verdad? ¡Eres admirable! Me parece que ya lo he cogido. Me parece que es fantástico. Antes, cuando bailaba, miraba como lo hacías. Es terriblemente eficaz cuando lo miras.

Es terriblemente eficaz cuando lo miras. Seguro que soy terriblemente eficaz cuando me miras. Tengo los cabellos que me cuelgan en las mejillas, se me ha enredado la falda, siento el sudor frío en la frente. Debo parecer salida de “La caida de la casa Usher”. Una mujer de mi edad destrozada, bailando así-.

Y él mismo, con su astucia de degenerado, ha perfeccionado el pasito. Y al principio era un poco complicado, pero ahora me parece que ya lo tengo. Dos pasos, resbalar, y carrera de veinte yardas; si, ya lo tengo. También tengo unas cuantas cosas más, incluyendo un hueso roto y el corazón amargo. Detesto esta criatura a la cual estoy encadenada. Lo detesto desde el momento que he visto su cara lasciva y bestial. Y he estado prisionera de su abrazo pernicioso durante los treinta y cinco años que hace que dura este vals. ¿Es que esta orquesta no parará nunca de tocar? ¿O es que esta parodia de baile indecente ha de continuar hasta que el infierno se queme?

– Oh, tocarán otro bis. ¡Que bien! Es fantástico.

¿Cansada? Creo que no. Me gustaría seguir así por siempre.

No creo que esté cansada. Solamente estoy muerta.
Muerta, ¡y por que causa! Y la música no se parará nunca, y seguiremos así, los dos, Double time Charlie y yo, durante toda la eternidad. Supongo que después de los primeros cien mil años ya no será igual. Supongo que entonces nada no importará, ni el calor, ni el sufrimiento, ni la pena, ni una fatiga cruel y dolorosa. Bien, por mí ya deberíamos estar.

No sé porque no le he dicho que estaba cansada. No sé porque no le he sugerido que volviéramos a la mesa. Habría podido decir escuchemos la música y ya está. Sí, y sería la primera vez que la escucharía en toda la noche. George Jean Nathan dijo que los ritmos fantásticos de los valses se deberían escuchar en calma y sin acompañarlos de extraños movimientos giratorios del cuerpo humano. Creo que fue esto lo que dijo. Creo que lo dijo George Jean Natha. En fin, dijera lo que dijera, fuera lo que fuera, y haga lo que haga ahora, esta mejor que yo. Eso seguro. Todo el mundo que no está bailando un vals con este campesino que tengo aquí, se lo está pasando bien.

De todas maneras, si hubiera vuelto a la mesa probablemente habría tenido que hablarle. Míralo; ¿que se le podría decir a una cosa así? ¿Has ido al circo este año? ¿Cual es el helado que más te gusta? ¿Como se escribe la palabra gato? Me parece que estoy bien aquí. Tan bien como si estuviera dentro de una hormigonera en plena acción.

Ahora y a he dejado de sentir. El único modo de adivinar cuándo me pisa es por el ruido de huesos fracturados. Y ante mis ojos pasan todos los acontecimientos de mi vida. Recuerdo aquella vez que estuve en huracán en las Antillas, y aquel día en que me partí la cabeza cuando chocó el taxi, y aquella noche en que la dama borracha le lanzó un cenicero de bronce a su amor verdadero y en vez de darle a él me dio a mí, y aquel verano en que el barco zozobró. Ah, que tiempos tranquilos y sosegados los míos hasta que fui a toparme con don Veloz. No sabía lo que eran los problemas hasta que me vi arrastrada a esta danse macabre. Creo que empiezo a divagar. Casi tengo la impresión de que la orquesta va a dejar de tocar. Imposible, claro; nunca, nunca sucederá. Sin embargo, en mis oídos hay un silencio como el sonido de voces angelicales…

Oh, han dejado de tocar, los muy perversos. Ya no tocarán más. ¡Qué rabia! Oh, ¿le parece que lo harían? ¿De veras le parece que seguirán si les da veinte dólares? Oh, sería maravilloso. Ah, y pídales que toquen la misma pieza. Sencillamente me encantaría seguir bailando este vals.

En principio, no pensaba colgar más comentarios de libros en el blog, pero mi palabra debe valer más bien poco. La verdad es que empecé a leerlo con muchas reservas, que es como empiezo a leer cualquier cosa de la que he oído hablar demasiado. Pero ahora creo que el contenido del libro es lo bastante rico como para que me apetezca que alguién más lo lea y comparta conmigo una buena tarde de conversación que es lo que este libro realmente merece.

Si algo se le puede criticar a Murakami es el haber querido sobrecargar el libro de contenido, es como si se hubiese sentado pensando en escribir una novela clásica, como si hubiese buscado cuales son los temas universales, los conflictos que se repiten en casi cualquier novela o película que merezca la pena, y luego hubiese tratado de encontrarles un lugar a todos en la historia. Creo que sucede lo mismo con los símbolos, “La vida es una metáfora” dice uno de los personajes, la carga simbólica en una historia es importante, en la medida en que fuerza al lector a tomar un papel activo en la lectura, a buscar en si mismo el significado que siempre es una elaboración, el producto subjetivo del diálogo del lector con el escritor. La metáfora es crecimiento por lo que implica de ir más allá en el sentido, cubrir un significado evidente, con capas de significados contruídos, es como pasar de una imagen plana a una tridimensional. Pero cuando la carga simbólica es muy pesada, existe el riesgo de que la novela pierda el anclaje de la realidad, que lo que debería ser un diálogo constructivo del lector con el escritor, se convierta en un monólogo del escritor consigo mismo. En ese sentido, entiendo que alguién se pueda haber sentido un poco decepcionado, en una novela verdaderamente clásica, la amplitud de contenido y la riqueza simbólica transcurren detrás de una máscara de sencillez aparente.

No obstante, creo que es un libro que merece la pena leer. En una lectura superficial, podemos pensar que el conflicto principal del libro es el conflicto edípico de Kafka Tamura. Creo que en realidad va mucho más allá, lo que tienen en común las tragedias griegas como Edipo Rey y los libros de Kafka, es que ambos hablan de la relación del individuo con el sistema. El sistema es algo más grande que los individuos, tal como lo entiendo, un sistema es una predeterminación o un conjunto de condicionantes o ideas que actuan como condicionantes. La definición es lo suficientemente amplia como para incluir los sistemas políticos o sociales, los sistemas ideológicos, o la idea del destino (como producto de una historia personal o familiar que conduce inequívocamente a un punto) En este sentido las novelas de Kafka son sistemas perfectos en los que queda atrapada la voluntad del individuo, nunca concluyen porque no existe una superación del sistema por el individuo, los personajes de Kafka nunca crecen como sí lo hace el protagonista de Kafka en la orilla.

Pienso que la novela tiene una lectura psicológica y una lectura social. Es la lectura psicológica la que incluye el conflicto edípico del protagonista, pero va mucho más allá, incluye la muerte simbólica del padre que abre un territorio de libertad para el protagonista, es esta muerte de la que Kafka es responsable en sueños, la que le permite superar su propio destino. Superar el propio destino no es una huída, es atravesarlo, como atraviesa Kafka el bosque en su particular descenso a los infiernos, para superar el miedo de sí mismo y conseguir la redención a través del perdón a la madre y a sí mismo.

“La responsabilidad empieza en los sueños”, en un pasaje que habla sobre el juicio de Nürenberg, es para mí la frase que resume el contenido social del libro. El sentido político y social de un libro que para mí es una metáfora de la relación del hombre con el sistema es claro, el padre de Kafka está atrapado en su propio sistema, en un automatismo cruel donde no hay lugar para la voluntad, ni el libre albedrío. La muerte es una liberación para una vida que no es vida, pero el espíritu del sistema sobrevive mientras Kafka no es capaz de superar su propia oscuridad y su miedo, parte de esa superación está en el perdón y parte en la toma de consciencia, en el volverse responsable de los propios sueños y aceptarlos, saber quién es. Tengo la intuición que los libros de Kafka deben tener mucho que ver con una cultura tan poco centrada en el individuo como es la japonesa, el libro está lleno de críticas a los sistemas de ideas cerrados, y a la cultura japonesa tradicional. Creo que el viejo Coronel Sanders (la imagen de KFC) es un símbolo de libertad para una cultura encerrada en si misma… (aunque eso como mínimo sea discutible)

Los personajes de la señora Saeki y Nakata darían para una reflexión igual de larga acerca del vacío creador, el recuerdo y las dimensiones del tiempo en las personas. El título del libro es en si mismo una metáfora, todos los personajes del libro son outsiders en cierta manera, se encuentran en la orilla de un pasado sin presente, o de un presente sin pasado una orilla entre la vida y la muerte, o una orilla que separa la realidad de los sueños, son las fronteras que tiene que cruzar el protagonista para poder superar su destino.