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“Siento que cada día empuja la rueda de un cambio invisible y que el otoño que empieza ya no será el padre de un invierno aciago… Espero con las manos tendidas hacía el vacío la respuesta a una pregunta infinita. Y por primera vez, esa fe de la que hablaba hace más de un año me corresponde a mí más que a ninguna otra persona. Hoy siento que todo está por hacer.”

 Ha pasado un año desde que presentí que por primera vez el otoño no anunciaba un invierno aciago.  Ha pasado un año para encontrar un camino, para enamorarme, para caer, para perderme y dejarme llevar. Un año para la pasión que me arrastra y me rompe de golpe, en un exabrupto, en un grito de placer o de furia, la misma que me retiene y me desgarra, que vuelta contra mí me hace pedazos. He aprendido a recogerme poco a poco, con cuidado, y ahora sí, busco que un abrazo me componga, me restañe el llanto y me rehaga. Un año para el miedo: a la pérdida, al deseo, a la felicidad, y sobre todo, un miedo febril, físico, el miedo animal de la enfermedad, más grande y más fuerte que yo. La oscura flaqueza, esa debilidad que se asoma por la puerta de atrás, y me humilla, y me recuerda que sólo soy un suspiro, que dependo tanto, de tan pocas cosas…   Un invierno para la humildad, y una fe sorda, absoluta e incierta. Fe que no es en mí, pues yo no me basto, fe que no pertenece al universo ni mucho menos a Dios, fe en lo que ha de venir, fe en el vacío y en todas las cosas pendientes, fe para seguir adelante. Un año para la felicidad como una forma plácida de entrega, en todas las cosas cotidianas, en el amor  y en el trabajo, felicidad reposada y plena. Un año como un torbellino, de ilusiones, de miedos y de tristezas, vivas, incesantes, presentes en cada momento. Ahora puedo ser espectadora y actriz a un tiempo, ver y dejarme ver. Ahora puedo darle yo sola las respuestas a la  incertidumbre, esperar, y ver surgir nuevas caras, nuevas ilusiones, nuevos sentimientos, continuar esperando, y verlos sumergirse y emerger de nuevo bajo otras formas, más oscuros o más luminosos, pero los mismos.