Retomando a Gregory Bateson en referencia a la importancia de entender al sujeto como  proceso y no como estructura, uno de los conceptos más provocativos de la epistemología que defiende Bateson es el postulado de que la estructura de la mente y de la naturaleza son reflejos la una de la otra. Esto es, aprender no es un fenómeno del todo diferente de la evolución. Bateson postula que la “evolución” no es sino el proceso por el cual la naturaleza  “aprende”. Nuestros procesos de endoculturización (aprendizaje de los modos de aprender), no son del todo diferentes a los procesos de la evolución de la vida. En resumen, mente y naturaleza constituyen necesariamente una unidad.

Esta idea me ha hecho recordar otro libro que leí hace años: En búsqueda de Spinoza de Antonio Damasio. “Desde el cuerpo activo a la mente, la maquinaria del sentimiento: El primer dispositivo, la emoción, permitió a los organismos responder de forma efectiva pero no creativamente a una serie de circunstancias favorables o amenazadoras para la vida. El segundo dispositivo, los sentimientos, introdujo una alerta mental para las circunstancias buenas o malas y prolongó el impacto de las emociones al afectar de manera permanente la atención y la memoria. Finalmente en una fructífera combinación con los recuerdos pasados, la imaginación y el razonamiento, los sentimientos condujeron a la aparición de la previsión y a la posibilidad de crear respuestas nuevas, no estereotipadas.” Como neurobiólogo, Damasio efectúa con su trabajo el paso lógico en el ámbito de la superación de la dicotomía mente – cuerpo dentro del ámbito científico. La hipótesis central del libro pone en relación el pensamiento moral con el sustrato neurobiológico de los sentimientos usando como guía la filosofía de Spinoza: “Dios es la Naturaleza, la Naturaleza es un Todo, una sola Substancia”. Las cosas no son sino partes “inmanentes” del Todo. Spinoza propone un universo panteísta donde mente y substancia son dos caras de la misma moneda, donde el orden y la conexión de las ideas es el mismo orden que el orden y conexión de las cosas.

Siguiendo este hilo argumental, llegamos fácilmente a la idea de la autopoiesis. Maturana y Varela defienden a los seres vivos como sistemas cerrados en desequilibrio, capaces de modificarse a sí mismos como respuesta a las perturbaciones del medio. Aunque los sistemas autopoiéticos son capaces de modificarse a sí mismos, mantienen la integridad de la estructura que los constituye como sistemas cerrados (las relaciones entre los componentes del sistema) gracias a la energía que extraen del medio. Y por tanto cuando un sistema autopoiético recibe el efecto de un agente externo, el resultado es producto de la estructura del sistema en ese momento determinado. La consciencia, es por un lado el eslabón perdido del pensamiento dualista, y por otro un buen ejemplo de sistema autopoiético.

Existe una resonancia clara entre las ideas de Bateson respecto a la unidad de mente y naturaleza y la filosofía de Spinoza por un lado, así como en la conexión que establece el mismo Damasio entre los procesos de aprendizaje y la evolución. Puede encontrarse una coherencia entre esta idea Spinozista de la naturaleza que Bateson comparte, el concepto de autopoiesis expuesto por Maturana y Varela (en muchos sentidos como una evolución de las ideas de Bateson) y la idea gestáltica de la autorregulación organísmica.

Todos los organismos vivos autorregulan sus procesos fisiológicos, el concepto de la autorregulación toma su significado psicológico cuando necesitamos tomar de nuestro entorno social aquello que nuestro organismo necesita, entonces la necesidad (deseo) organiza nuestra percepción del contexto, nuestro darnos cuenta. El concepto de autorregulación organísmica sólo se entiende desde una perspectiva fenomenológica e integrativa. Fenomenológica en referencia a la comprensión del sujeto como un proceso integrado en un contexto (campo), como un continuo de consciencia (en contraposición a la teoría estructurada de la personalidad que defiende el psicoanálisis) Integrativa, en primer lugar desde la perspectiva en que la neurosis es también producto de un proceso de autorregulación, una forma de manipular el ambiente en determinado contexto, un aprendizaje adaptativo.

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