Volver a Barcelona: los amigos, la familia, el trabajo… Es reconfortante sentir que aquí hay cosas que me esperan. Sólo la alegría del reencuentro, me hace ser consciente de las cosas que he añorado sin saberlo. Vuelvo con una sensación ambigua, casi como despertar de un sueño. La cotidianeidad nunca debería caer como una cortina de humo sobre el recuerdo, por eso quiero escribir sobre las cosas que me han pasado.

Me parece casi imposible describir todo el viaje en un solo bloque, hablar sobre el Movimiento Sin Tierra y sobre Maranhao, sobre la deforestación y la depredación económica de Brasil, tener el placer de dar también voz a la historia de las personas que he conocido, mostrar los paisajes: la desoladora tristeza de las plantaciones de eucaliptos y las columnas de humo de las carboneras acariciando el cielo, los caminos polvorientos, los campamentos, la belleza sobrecogedora de algunos paisajes, los paseos por la floresta nativa casi como una bocanada de aire en un desierto verde, las playas, los ríos, los lençois, las noches estrelladas, los atardeceres…

Hay también un viaje más íntimo, uno que acompaña al paisaje y a las personas que me rodean. Una conciencia que aparece y me deslumbra, y luego se pierde de nuevo. La posibilidad de dejarme llevar, sentir plenamente, dejarme caer sólo por un momento antes de buscar de nuevo el caparazón. El afecto y la rabia contenidos, el placer sin condiciones del contacto con los demás y de la intimidad con uno mismo, la soledad escondida detrás de una máscara.

Esta serie de posts están escritos para prevenir el olvido, el primero habla sobre nuestra llegada a Brasil y explica un poco el contexto del MST y del estado de Maranhao, los siguientes explicaran cronológicamente el viaje cifrando sólo las partes que me parezcan más personales.

Anuncios