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Llegamos a Brasil el 26 de Julio después de un retraso de cuatro horas en Cabo Verde (“Cabo Verde Airlines, Ó prazer de viajar bem”), perdimos la conexión en Fortaleza y pasamos allí nuestro primer día. Fortaleza es la imagen de un Brasil ficticio convertido en un esperpento, creado para satisfacer los sueños de falsos paraísos tropicales aptos sólo para turistas. Llegamos a São Luis el día 27, sobrevolamos en avión los Lençois Maranhenses, 80 km. de extensión de desierto de arena blanca salpicado de lagunas azules a nuestros pies.

Los edificios de arquitectura colonial de São Luis le confieren el aspecto de una ciudad nostálgica de si misma, símbolo del abandono post colonial. Con edificios majestuosos y avejentados, decorados con la tradicional cerámica portuguesa, el centro de la ciudad ofrece el mismo aspecto que, al menos en mi imaginación, debe tener La Habana Vieja. La persona encargada de recibirnos en el MST es Zaira. Es una mujer enjuta y enérgica que nos introduce en la realidad del Movimiento Sin Tierra en Maranhao y de los campamentos y asentamientos que nos recibirán a partir de ahora.

El MST (Movimento dos trabalhadores rurais sem terra) es uno de los principales movimientos sociales de toda América Latina. Nacieron en los años 80, teniendo como origen la Comisión Pastoral de la Tierra, con fuerte influencia de los obispos de la teología de la liberación. Su principal objetivo es llevar a cabo una reforma agraria en un país donde el 2 % de los propietarios posee el 56 % de las tierras, como paso previo para una transformación social más amplia. Para ello se amparan en un artículo de la constitución brasileña que dice que las tierras que no cumplan su función social deben ser expropiadas por el estado. La institución gubernamental responsable de la política de reforma agraria en Brasil es el INCRA (Instituto de Colonización y Reforma Agraria) y como podréis imaginar ni el artículo que aparece en la constitución, ni la existencia de un organismo para gestionar la reforma agraria implica que exista una voluntad política real para llevarla acabo. El MST realiza trabajo de base tanto en el campo, como en los suburbios urbanos dónde buscan personas dispuestas a luchar por el sueño de la tierra. Ocupan latifundios que no cumplen el supuesto de función social previsto en la constitución. En el momento de la ocupación se crea un campamento (barracas provisionales donde viven los ocupantes), y empieza un contencioso por la expropiación de la tierra que puede durar años. Cuando el gobierno reconoce la legalidad de la ocupación, se crea un asentamiento y la tierra pasa a ser propiedad de los campesinos en usufructo. Una de las características del movimiento sin tierra, es el énfasis en la alfabetización y la educación de los campesinos.

Maranhao es un estado del norte de Brasil, con un PIB equivalente al del Congo es uno de los estados más pobres del país, con un nivel de analfabetismo muy alto, exporta mano de obra esclava en plantaciones del propio Maranhao, así como en el resto del país y en el extranjero.

Esa misma noche viajamos hacia Açailandia, en el sur del estado para conocer la realidad de dos campamentos y dos asentamientos del MST en la región.

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Volver a Barcelona: los amigos, la familia, el trabajo… Es reconfortante sentir que aquí hay cosas que me esperan. Sólo la alegría del reencuentro, me hace ser consciente de las cosas que he añorado sin saberlo. Vuelvo con una sensación ambigua, casi como despertar de un sueño. La cotidianeidad nunca debería caer como una cortina de humo sobre el recuerdo, por eso quiero escribir sobre las cosas que me han pasado.

Me parece casi imposible describir todo el viaje en un solo bloque, hablar sobre el Movimiento Sin Tierra y sobre Maranhao, sobre la deforestación y la depredación económica de Brasil, tener el placer de dar también voz a la historia de las personas que he conocido, mostrar los paisajes: la desoladora tristeza de las plantaciones de eucaliptos y las columnas de humo de las carboneras acariciando el cielo, los caminos polvorientos, los campamentos, la belleza sobrecogedora de algunos paisajes, los paseos por la floresta nativa casi como una bocanada de aire en un desierto verde, las playas, los ríos, los lençois, las noches estrelladas, los atardeceres…

Hay también un viaje más íntimo, uno que acompaña al paisaje y a las personas que me rodean. Una conciencia que aparece y me deslumbra, y luego se pierde de nuevo. La posibilidad de dejarme llevar, sentir plenamente, dejarme caer sólo por un momento antes de buscar de nuevo el caparazón. El afecto y la rabia contenidos, el placer sin condiciones del contacto con los demás y de la intimidad con uno mismo, la soledad escondida detrás de una máscara.

Esta serie de posts están escritos para prevenir el olvido, el primero habla sobre nuestra llegada a Brasil y explica un poco el contexto del MST y del estado de Maranhao, los siguientes explicaran cronológicamente el viaje cifrando sólo las partes que me parezcan más personales.