Acabo de volver de Cuenca, y en dos semanas me habré marchado a Brasil. Acabo de ver bailar a Marisa su último baile con Pilar. He vuelto a casa emocionada, me emociono tan facilmente últimamente… Con cosas pequeñas o no tan pequeñas, y aunque muchas veces sigo sin poder mostrarlo, la realidad, las cosas que me suceden tienen ahora un color más real, de tristeza o alegría, y es como si la vida me tocase un poco más adentro.

Hoy volví emocionada porque últimamente siento que los ratos que pasamos todos juntos tienen un poco el sabor de las despedidas. Sentí algo parecido por San Juan, es algo realmente extraño, estar en un lugar pensando en cuantos momentos así quedarán por pasar. Caer en la cuenta de que podrían ser pocos es un poco como abrir los poros del alma, es darme la oportunidad de sentir qué cosas me unen a los demás y como de profundos e importantes son esos vínculos. Es darme cuenta también, que aunque quisiera que nada cambiase, todo ha cambiado ya sin quererlo, y que precisamente por eso hay cosas que no voy a poder olvidar nunca.

El poema de abajo salió un poco fruto de esa melancolía precipitada que he venido sintiendo últimamente.

Preparo las horas para tu ausencia.
Y se nos muere de mientras,

de tarde en tarde el tiempo:

Disuelto en un vaso de cerveza,
envenenado de palabras,
perdido en un viaje,
atorado en las risas…

Con el corazón abierto,
hendido de alambre y espinas.
Extraviado y extraño.
Frágil
flor en un muro.

Somos almas puntiagudas,
afiladas tristezas.
Tú te has roto las manos
a golpes contra mi pecho.

Yo he dejado mis uñas

clavadas en nuestros silencios.

Contigo ha perdido mi vida su rostro de piedra.
Y es ahora mi rabia,

la sangre y la espuma
de una ola en un reloj de arena.

Preparo las horas para tu ausencia.
Y se nos muere de mientras,
de tarde en tarde
El tiempo.

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