Escribiendo el último post me dí cuenta de lo extraño que era no haber posteado acerca de algo que se ha convertido en importante para mí en los últimos meses. Creo que si no lo hice antes, es porque no estaba muy segura de poder escribir acerca de nada sin racionalizarlo, sin convertir el proceso en una foto estática, y luego pararme a analizar esa foto con lupa, sin querer darme cuenta que la realidad que analizo ya es otra distinta…

Me han pasado muchas cosas estos meses, cosas que siento y que cuesta explicar. Creo que lo más importante, lo que ha dado pie a todo lo demás, es haberme vuelto permeable al proceso de terapia. Permeable quiere decir eso, permeable, flexible… Experimentar, dejar que algunas cosas entren… Hay algo de fe en eso, es la frontera dónde creer, sentir y conocer se juntan. Pero no se trata de conocer con la mente: saber que puedo (puedo, no sé el qué, pero puedo, soy responsable), creer que puedo, sentir que puedo. Todo es lo mismo.

Pero sólo puedo dejar entrar algunas cosas, no puedo sacarme a mí misma de enmedio, las resistencias están allí y no puedo ignorarlas, ni tampoco derrotarlas. Ellas están allí por alguna razón, y en la medida que las acepto y las reconozco soy un poco más libre. O me gustaría poder aceptarlas y ser más libre. Sé que esa es la manera, reconocer un deseo, algo que como todas las cosas que son de verdad me sale directamente de las entrañas, y buscar la manera de realizarlo, y reconocer también esa especie de angustia que permanece conmigo como algo propio. Pero a veces es demasiado complicado, y esa angustia, esa resistencia que me impide tomar lo que necesito, que hace que me defienda del proceso de terapia y de la vida misma, es demasiado fuerte y me da demasiado miedo. Entonces me quedo temblando y lamentándome en un rincón. Esos son los días malos, y sólo puedo dejarlos pasar.

El otro día le decía a David que me sentía como si tuviese un extraño viviendo en casa. Me refería a ese ir viendo las voces que llevo dentro: eres un desastre, no puedes, lo puedes todo, eres idiota, demuéstrale que no eres idiota, dile que le quieres, no se lo digas, acércate, aléjate… Las oigo hablar entre ellas y me sorprende verme a mi misma diciendo esta soy yo, esta no soy yo. Hay voces a las que creo a pies juntillas, sin cuestionarlas, sin cuestionarme. Luego cierro los ojos, y pretendo que la realidad no sea esa, que la realidad sea sólo lo que espero que los demás vean en mí.

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