Para celebrar que he podido volver a escribir algo en condiciones, copio un par de párrafos sueltos del texto que estoy escribiendo. 🙂

El verde del prado tomaba formas caprichosas según la dirección de la brisa, dibujaba líneas onduladas sobre un lienzo del que no podía verse el final, sólo la línea del horizonte cortaba el verde contra el azul del cielo. Había nubes grises y blancas, nubes voluminosas y cargadas de lluvia que cruzaban rápidamente el cielo proyectando luces y sombras que se desplazaban sobre la hierba. Un grupo de ovejas pastaba a lo lejos, tranquilas y ajenas a los espectros que cruzaban con las nubes el prado”

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El paisaje que conoces es otro, es un paisaje de almendros desnudos y de esqueletos de viñas. Prados agrestes de ginesta y aliaga que arañan las piernas de los niños. Colinas parduscas relamidas por el fuego. Campos segados de trigo, y caminos de terracota. El lugar de la paja, y la tierra que se hace polvo en las manos, del olor a romero, y del cielo que siempre es azul.

Sabes que este no es aquel lugar, pero intuyes que para ti sí es el mismo. Como si en este mismo instante, pudieses verlo brotar ante tus ojos, rebosante y renovado, reverdecido en una primavera inmensa.”

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