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El otro post está escrito desde un punto de vista subjetivo, o sea intentando no perderme en referencias teóricas que no valen de nada. Creo que lo he conseguido 🙂

Ahora me apetece citar un texto de Albert Rams que he leído chafardeando en su web http://www.albertrams.com. El texto en general va sobre el concepto de salud y enfermedad, la salud entendida como algo más que la ausencia de enfermedad, etc. No creo que haga falta que comente gran cosa más.

NEUROSIS Y EVITACIÓN DEL DOLOR

“Perls entiende la neurosis, y por extensión la enfermedad psicosomática, como una
estrategia de evitación del dolor psíquico que lo transforma, paradójicamente, en
sufrimiento crónico.
La salud pasa pues por la conciencia de ser, más allá de cómo un@ sea a cada
momento. La enfermedad mental empieza cuando un@ decide “… esto no lo pensaré,
esto no lo sentiré o esto no lo haré… porque produce dolor, desagrado o disforia… y
estoy o así no soy yo…”. Y “… esto sí lo pensaré, esto sí lo sentiré, o esto sí lo haré…
porque produce placer, agrado o euforia… y esto o así soy yo”.

CONTACTO Y RETIRADA

“…El neurótico ha perdido ( o tal vez nunca tuvo) la capacidad de organizar su
comportamiento de acuerdo a una jerarquía indispensable de necesidades.
Literalmente no puede concentrase. En terapia, tiene que aprender a distinguir de
entre las miles de necesidades y cómo atenderlas sucesivamente. Tiene que aprender
a descubrir y a identificarse con sus necesidades. Tiene que aprender cómo
comprometerse totalmente con lo que esta haciendo y en todo momento; cómo
quedarse junto a una situación el tiempo suficiente para completar la gestalt y seguir
adelante con otros asuntos… (…) Por lo tanto no todos los contactos son sanos, ni
todo el retirarse es enfermo. Una de las características del neurótico es que ni puede
establecer un buen contacto ni puede establecer su retiro. Cuando debiera estar en
contacto con su ambiente, su mente está en otra cosa, de modo que no puede
concentrarse… (…)… Su ritmo de contacto está descompuesto. No puede decidir por
sí mismo cuándo participar y cuándo retirarse, porque todos los asuntos inconclusos
de su vida, todas las interrupciones de los procesos en transcurso, han perturbado su
sentido de la orientación y ya no puede distinguir entre aquellos objetos o personas
en el ambiente que tienen una catexis positiva, de aquellos que tienen una catexis
negativa; ya no sabe ni cuándo ni de qué retirarse. Ha perdido su libertad de
elección, no puede escoger medios apropiados para cumplir sus metas, porque ya no
tiene la capacidad de ver las opciones que tiene por delante… ”
(Está en cursiva porque la cita es de Fritz Perls)

HETERO APOYO Y AUTO APOYO

“Sólo una persona autoapoyada puede en realidad dar limpiamente. Aunque el
fantasma del egotismo puede abortar el proceso en el punto auto, en el yo-mi-meconmigo,
generando pléyades de egos inflados y auto – torturados en sus meandros,
por no haber entendido la segunda parte: que yo sólo existo verdaderamente si
existes tú, si existimos nosotros.
Ahora bien, la persona hetero – apoyada no se arriesga a todos estos peligros. Su dar
es un recibir camuflado e inconsciente; lo recibido cae en un pozo sin fondo porque
no tiene nada que provoque el sonido del eco, y no lo sabe. Vive engañada en una
nube, en un negocio ruinoso que cada vez solicita mayor inversión para en realidad
acabar devorándola. Con el resultado de sentirse siempre vacía e insatisfecha.”

Escribiendo el último post me dí cuenta de lo extraño que era no haber posteado acerca de algo que se ha convertido en importante para mí en los últimos meses. Creo que si no lo hice antes, es porque no estaba muy segura de poder escribir acerca de nada sin racionalizarlo, sin convertir el proceso en una foto estática, y luego pararme a analizar esa foto con lupa, sin querer darme cuenta que la realidad que analizo ya es otra distinta…

Me han pasado muchas cosas estos meses, cosas que siento y que cuesta explicar. Creo que lo más importante, lo que ha dado pie a todo lo demás, es haberme vuelto permeable al proceso de terapia. Permeable quiere decir eso, permeable, flexible… Experimentar, dejar que algunas cosas entren… Hay algo de fe en eso, es la frontera dónde creer, sentir y conocer se juntan. Pero no se trata de conocer con la mente: saber que puedo (puedo, no sé el qué, pero puedo, soy responsable), creer que puedo, sentir que puedo. Todo es lo mismo.

Pero sólo puedo dejar entrar algunas cosas, no puedo sacarme a mí misma de enmedio, las resistencias están allí y no puedo ignorarlas, ni tampoco derrotarlas. Ellas están allí por alguna razón, y en la medida que las acepto y las reconozco soy un poco más libre. O me gustaría poder aceptarlas y ser más libre. Sé que esa es la manera, reconocer un deseo, algo que como todas las cosas que son de verdad me sale directamente de las entrañas, y buscar la manera de realizarlo, y reconocer también esa especie de angustia que permanece conmigo como algo propio. Pero a veces es demasiado complicado, y esa angustia, esa resistencia que me impide tomar lo que necesito, que hace que me defienda del proceso de terapia y de la vida misma, es demasiado fuerte y me da demasiado miedo. Entonces me quedo temblando y lamentándome en un rincón. Esos son los días malos, y sólo puedo dejarlos pasar.

El otro día le decía a David que me sentía como si tuviese un extraño viviendo en casa. Me refería a ese ir viendo las voces que llevo dentro: eres un desastre, no puedes, lo puedes todo, eres idiota, demuéstrale que no eres idiota, dile que le quieres, no se lo digas, acércate, aléjate… Las oigo hablar entre ellas y me sorprende verme a mi misma diciendo esta soy yo, esta no soy yo. Hay voces a las que creo a pies juntillas, sin cuestionarlas, sin cuestionarme. Luego cierro los ojos, y pretendo que la realidad no sea esa, que la realidad sea sólo lo que espero que los demás vean en mí.

Para celebrar que he podido volver a escribir algo en condiciones, copio un par de párrafos sueltos del texto que estoy escribiendo. 🙂

El verde del prado tomaba formas caprichosas según la dirección de la brisa, dibujaba líneas onduladas sobre un lienzo del que no podía verse el final, sólo la línea del horizonte cortaba el verde contra el azul del cielo. Había nubes grises y blancas, nubes voluminosas y cargadas de lluvia que cruzaban rápidamente el cielo proyectando luces y sombras que se desplazaban sobre la hierba. Un grupo de ovejas pastaba a lo lejos, tranquilas y ajenas a los espectros que cruzaban con las nubes el prado”

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El paisaje que conoces es otro, es un paisaje de almendros desnudos y de esqueletos de viñas. Prados agrestes de ginesta y aliaga que arañan las piernas de los niños. Colinas parduscas relamidas por el fuego. Campos segados de trigo, y caminos de terracota. El lugar de la paja, y la tierra que se hace polvo en las manos, del olor a romero, y del cielo que siempre es azul.

Sabes que este no es aquel lugar, pero intuyes que para ti sí es el mismo. Como si en este mismo instante, pudieses verlo brotar ante tus ojos, rebosante y renovado, reverdecido en una primavera inmensa.”