Mes de acero,
de árboles abatidos y tristezas dulces.
Padre de un diciembre aciago,
que con acebo y luces,
nos cuenta sus mentiras.

Es su oscuridad quien te espera a la salida,
para tomarte de la mano
y llevarte a la cueva,
para envolverte,

y hacerte buscar el calor en la hoguera.

Hipnotizarte con sus reflejos,
de sombras y de luces,
de turbios espejos,
de falsedades y de medias verdades

Es un mes para huir,
para alcanzar volando a las golondrinas.
Para invernar y dormir.
Para morir acurrucado
esperando despertar al sol en primavera,
a las flores en la pradera,
a las aguas mansas
y a las promesas falsas,
de un príncipe enamorado.

Anuncios