You are currently browsing the monthly archive for julio 2007.

Ayer dejé de lado por un tiempo el libro sobre Análisis Transacional. Para empezar un libro que hacía tiempo que tenía ganas de empezar. “Las coincidencias necesarias” De Jean François Vézina. Es un libro que explora la teoría de Jung acerca de “La sincronicidad” y la vincula con algunas ideas de la física cuántica, y la teoría del caos. No he avanzado mucho con el libro aún, pero la idea que propone me parece interesante. (Sé que algunos os estaréis riendo a carcajadas de que de golpe empiecen a intrigarme las ideas de uno de los grandes padres del psicoanálisis. Haré como que no os oigo 🙂 )

La sincronicidad es un concepto que Jung desarrolló a raíz de sus conversaciones con Wolfang Pauli, de ahí la relación de la idea con un cambio de paradigma en la física moderna (cambio de paradigma que lógicamente no entiendo porque me falta la formación de base necesaria, pero que me intriga porque conceptualmente está muy relacionado con ideas propias de la psicología profunda, y roza las fronteras de lo metafísico)

Se puede definir la sincronicidad como la concurrencia en el tiempo de dos fenómenos que sin relación causal alguna hacen referencia a un sólo significado. Llevado a un terreno práctico: sincronicidad, es cuando piensas en esa persona que hace tiempo que no ves y de golpe está ahí, al volver la esquina (¿no os sorprende la cantidad de veces que pasa eso?) es visitar una ciudad con cien mil habitantes, y preguntarle por una dirección a los parientes de un amigo a los que no conoces aún, y encontrarás esa misma noche. La vida está llena de serendipias, (el nombre viene de “serendipity” del mito de los príncipes de Serendip – Sri Lanka – que solucionaban siempre los problemas de una forma aparentemente causal) Los encuentros que nos transforman son serendipias. La gente cuyo paso por nuestra vida tiene un significado profundo, (da igual que sea una conversación de 5 minutos o una relación de 5 años, un profesor o un amigo) las personas (incluso los libros que leemos) cuyo encuentro es sincrónico con una necesidad no expresada de nuestra psique, y que mediante esa sincronía necesaria despiertan en nosotros reacciones en cadena que terminan por transformarnos como personas. Vosotros sois algunas de mis sincronías favoritas 🙂

Tradicionalmente, han existido dos concepciones del mundo. La concepción teleológica o finalista, o sea “Dios (sea lo que sea eso) tiene un plan para todos” y la concepción mecanicista, que sería decir que el universo son un conjunto de piezas interconectadas por una relación causal que funcionan como el mecanismo de un reloj. Jung propondría una alternativa con la idea de la sincronicidad, la alternativa es la acasualidad, o sea que el vínculo entre dos eventos no sea una relación causal sino una relación significativa. Si leéis esto con espíritu crítico (sé que lo haréis), me diréis que la “acausalidad” es un concepto vacío dado que mientras que la causa siempre es un fenómeno previo, la significación es una elaboración a posteriori y además es subjetiva. Allí es donde se encuentra la relación con postulados como la teoría del caos, si ésta permite deducir el orden subyacente que ocultan fenómenos aparentemente aleatorios, entonces podemos entender un fundamento causal (que no casual) para las cosas a las que somos capaces de otorgar significado sólo a través de la intuición. La idea de la física cuántica de entrelazamiento de partículas, según la cual medir el estado de una partícula, puede afectar el estado de otra ¡aunque una esté en Australia y la otra en Marte!! (que alguién me lo explique, por favor) tiene relación con este fenómeno y con una idea del universo más sistémica que mecanicista.

Sin meterme en berenjenales fuera de mi capacidad de entendimiento. Jung, consideraba que la sincronicidad era una proyección del inconsciente en el mundo físico. En cierta manera, la sincronicidad era una prueba de lo que él denominaba el inconsciente colectivo. Uno puede imaginarse la idea del inconsciente jungiano plasmándose en un mundo físico, como un dios sin dios, un universo panteísta, donde la aletoriedad aparente de los fenómenos, esconde patrones sutiles. (Algo así como las figuras geométricas implícitas de un fractal) La mente y la materia se dan la mano en la idea del Unus Mundus.

Un ejemplo tonto de sincronía, el título del blog “Estoy esperando la casualidad de mi vida, la más grande”, lo puso Brian, es de la película “Los Amantes del Círculo Polar” y es de mucho antes de que a mí empezaran a interesarme las casualidades que nos cambian la vida.

Anuncios

Os copio un texto sacado de un libro sobre Análisis Transaccional que estoy leyendo. El Análisis Transaccional es una teoría que tiene algunos conceptos que suenan a Psicoanálisis en grageas masticables. El concepto de Guión de vida es uno de ellos. Un Guión es algo que ecribimos en la infancia, influenciados por nuestras primeras experiencias (buenas o malas), viendo el mundo a través del pensamiento mágico, y que no para de decirnos qué somos, como debe seguir la película y como termina. Hay guiones para ser feliz, y guiones para ser infeliz. Si no somos conscientes de cuál es nuestro guión vemos el mundo sólo a través de lo que nos marca aunque eso haga que nos lastimemos o lastimemos a los demás. Nos dá seguridad, cuando lo escribimos era una estrategia de supervivencia, y irracionalmente creemos que la alternativa al guión es la no supervivencia. Si somos conscientes de cuál es el guión quizás podemos cambiarlo. El texto es muy llano y tiene cierta sorna, hay algunas cosas que me suenan ¿y a vosotros?

“El guión ofrece una solución mágica para resolver el asunto básico que no se solucionó en la infancia: cómo conseguir amor y aceptación incondicional. Como adultos nos cuesta abandonar esta magia, porque de niños a menudo nos identificábamos con un cuento de hadas y nuestra fantasía es la de que podemos lograr que en nuestra vida suceda lo mismo que en un cuento, de manera que nosotros también podemos acabar viviendo “un final feliz”

El único problema es que los cuentos de hadas perpetúan un engaño a los niños. Enseñan que si quieres que algo bueno te suceda, antes necesitas ser una víctima tan grande que te lo merezcas.

Por ejemplo, si quieres casarte con un príncipe tienes algunas opciones interesantes. Puedes trabajar duro, sufrir, sentarte en las cenizas y barrer y esperar a que tu hada madrina llegue y te envíe al baile. O puedes comerte una manzana envenenada, o pincharte el dedo con una aguja envenenada y esperar que algún hombre venga que tenga predilección por besar a mujeres muertas. O te puedes encerrar en una torre, dejar que te crezca el pelo y esperar a que alguien venga que tenga predilección por encontrar a mujeres internadas. O puedes ir por ahí besando sapos o intentando convertir bestias en príncipes.

Si quieres casarte con una princesa, las posibilidades son igual de buenas. Puedes ir por ahí besando mujeres muertas, o buscando mujeres encerradas. O puedes intentar buscar mujeres que escapen de tí o ir por ahí comportándote como una bestia o como un sapo. Si quieres acabar teniendo éxito y atractivo, lo primero que tienes que hacer es ser feo y que la gente se ría de tí.

La parte positiva que tienen los cuentos de hadas es el dar a los niños un sentido de poder y control sobre sus vidas en un momento que se sienten impotentes. El único problema es que la solución que se ofrece es mágica y no funciona en la realidad, pero al menos permite al niño sobrevivir en una situación que de otra manera pudiera parecer desesperante.

Después, en la vida adulta, el Niño en nosotros continúa aferrándose a esa creencia mágica y sigue intentando que funcione. Si aún no ha funcionado, tal vez no hayamos sufrido lo suficiente para merecer el rescate. Una parte de salirse del guión es la de renunciar a la creencia en un mundo perfecto. En cambio podemos emplazar a nuestro Adulto para solucionar problemas y descubrir la forma de conseguir cubrir nuestras necesidades en un mundo que nunca será perfecto, pero que puede ser hermoso y agradable.”

AT Hoy. Ian Stewart y Vann Jones