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Confianza es un bello planeta verde y azul. Forma parte de un sistema solar doble, regido por dos soles gemelos Amor y Amor Propio. Confianza es un jardín natural donde sus habitantes, los ositos confiados, viven en una abundancia despreocupada. Casi siempre hace sol, y el planeta entero es una alfombra verde llena de flores y frutas de todo tipo. Los ositos confiados son criaturas hermosas, tienen mucho pelo, son suaves, y siempre parece que te miran con ojos tiernos. El osito más sabio y más respetado del planeta es el Gran oso gris. Grande es sólo una forma de hablar, en realidad es un apodo que el mismo se puso, porque el Gran oso gris, a pesar de ser el osito más sabio y respetado del lugar, es un poquito vanidoso, tiene el pelo gris y brillante, una cicatriz en la cara que él cree que le hace interesante pero la verdad es que lo afea un poco, y una mirada entre altiva y soñadora en su carita de oso bueno.Los ositos confiados son criaturas peculiares. Tienen una gran capacidad para el amor, o sea que se quieren mucho y cuando son jóvenes se pasan el día paseando por el planeta cogidos de la mano con otros ositos (ositos con ositos, ositas con ositos, ositas con ositas, ositos que en realidad querrían ser ositas…) Son mayormente liberales y usan el sexo para fortalecer vínculos sociales (un poco como los bonobos pero con menos cara de chimpancé) Cuando los ositos confiados se hacen grandes, entonces se juntan en parejas y tienen oseznos confiados que juegan felices por los prados, y llenan el planeta con sus risas estridentes y molestas.Como su propio nombre indica, los ositos confiados son confiados, cuando sus oseznos se hacen mayores y quieren andar por ahí con chicas y fumarse porros, los papas ositos simplemente se cogen de la mano, suspiran, y confían en que los años de educación en los rectos valores osunos surjan efecto, y al final el joven osito elija el buen camino.  Cuando las ositas o los ositos emparejados quieren irse por ahí con los amigos de fiesta, sus parejas se quedan esperando a que vuelvan, (¡o se van de fiesta ellos también, que coño!!) confiando en que su osito/a favorito vuelva a la guarida feliz…. Así visto uno podría pensar que todo es felicidad en el planeta de los ositos confiados, ¡pero no!!!!! Las cosas también salen mal a veces en Confianza. A veces los mejores oseznos eligen mal y se vuelven perezosos y drogadictos ante la mirada triste de sus papas osos, y a veces las parejas más felices (o las que no lo eran tanto) se rompen, cosas que pasan… ¡Al mismo Gran oso gris le pasó eso una vez!! Cuando él era joven, su osita lo dejó por otro, y él que no lo entendía (¡porque todo el mundo sabe que él era el osito con el pelambre más lustroso de Confianza, y el más sabio de todos!!) se puso muy triste. Se puso tan triste que le dio por viajar por querer descubrir otros mundos, “Mundos mejores” decía el ingenuo. Cogió su nave, la cargó de provisiones y se fue a recorrer el espacio sideral… Primero pasó por el planeta vecino de Confianza, Teletubilandia, pero sólo por una cuestión de diplomacia. Las relaciones de los habitantes de Confianza con Teletubilandia eran correctas, ni buenas ni malas, pero en el fondo nadie en Confianza soportaba la estúpida manía que tenían en Teletubilandia de cerrar los tratos comerciales con “Una abraçaaaaaaaaaaaada!”,  y menos que nadie el Gran oso gris, que como todo el mundo sabe era muy macho, y escuchaba metal y vestía de negro… Asqueado se despidió con una sonrisa educada y salió por patas de ahí. Cogió su nave (era un poco retro la nave, pero a él le gustaba) y la puso en hipervelocidad para salir del sistema solar de Amor y Amor propio.Después de mucho vagar por el universo, encontró otro planeta azul y verde (un poco más marrón que verde) que se parecía a Confianza. “Parece un sitio agradable para quedarse” pensó. Era un planeta al que sus habitantes en un arranque de originalidad habían bautizado como tierra. El Gran oso gris aterrizo en una ciudad, aparcó su nave en la plaza 7 G del aparcamiento de un hipermercado y se fue a explorar la tierra. Lo primero que le llamó la atención era lo antiestéticas que eran las criaturas que poblaban la tierra tan grandes y tan feas, pobrecitas sólo tienen pelo en la cabeza, en Confianza el pelo es un símbolo de poder y hombría y la calvicie la peor desgracia que le puede pasar a un oso. Quiso saber como vivían esas criaturas y lo primero que la llamó la atención era todas las cosas que sabían hacer y toda la tecnología que tenían, ¡el Gran oso gris tenía espíritu de científico! Se puso a hablar con las criaturas terrestres feas, y al principio se armó un gran revuelo, todo un circo mediático, chicas feas y peladas salían por la tele diciendo que se habían acostado con el Gran oso gris, y que bueno no había para tanto (eso le dolió especialmente) Pero luego la cosa se calmó, se aburrieron un poco (daban cosas mejores en la tele) y él pudo seguir estudiando a los bichos feos y pelados tranquilamente. El Gran oso gris empezaba a ver cosas que no le gustaban. Hembras de bicho feo y pelado muertas por una cosa que los terrestres llamaban celos, el no entendía que era eso. Países que fabricaban bombas atómicas por si acaso el país de al lado ya había fabricado una, y así si el país de al lado destruía la Tierra, !ellos podrían volver a destruirla!!!!!! El Gran oso gris se propuso un objetivo, enseñarles a los bichos feos y pelados lo que era la confianza. Organizó ciclos de conferencias por todo el planeta, tratando de convocar a toda la gente que pudiese… Al principio parecía que la cosa iba bien, o que al menos no iba mal. Pero pronto todo se empezó a torcer, se oyeron voces que decían que lo que el Gran oso gris en realidad quería era hacer que se confiasen para luego conquistar el planeta con su estirpe de osos malvados, y que de toda la vida el hombre había cazado al oso y que así debería ser porque era la costumbre, que los bichos feos y pelados debían exterminar a todos los osos del universo para así evitar riesgos mayores, que la raza humana estaba en peligro, y un montón de sandeces más. Hasta llegó a decir que debían despellejarlo y usar su pelo para alfombrar la Casa Blanca (ahí es donde vive el mandamás de los bichos feos y pelados) Pusieron precio a su cabeza. Al primer intento de homicidio osuno (de ahí la cicatriz) El Gran oso gris decidió que ya bastaba que a él nadie le tocaba su hermoso pelo, “¡Vamos!!!!! faltaría más, ¡el pelo si que no!!!!” Cogió su nave retro, y salió pitando del planeta de los bichos feos y pelados, mientras se iba pensaba “¡Qué lástima! Si parecen simpáticos, sólo con que fuesen un poco más confiados…” Volvió a Confianza más mayor y más sabio después de su experiencia, ¡ahora valoraba de verdad lo que tenía! Y allí lo hicieron rey (bueno, Presidente de la República, pero lo votaban siempre) y conoció a una osita, y tuvieron oseznos guapos, sabios, libres y confiados, y fueron felices y se comieron a ricitos de oro para celebrarlo… THE END

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“…en su contacto hay beatitud porque la caricia retiene, porque persiste el lugar que la ternura envuelve, porque sienten la pura duración. Así el abrazo les parece promesa de eternidad”

La cita es de Rilke, la primera vez que la leí me enamoré de la expresión “la caricia retiene”, me imaginé la caricia casi como algo accidental, como un momento de contacto que se esfuma dejando tras de sí una marca invisible, la huella eléctrica del otro, alojada para siempre en algún lugar entre nuestra piel, y nuestro corazón. Imaginé mi propia piel llena de esas marcas, llena de manos, de dedos, de labios…, brillando incandescentes como estrellas. Unas más alejadas y otras tan cerca, tan brillantes, que creeríamos que su luz nos mostraría para siempre el camino hacia el norte, nuestro norte.

Sin estrellas, sólo nos quedaría una noche negra, oscura como un abismo infinito. Siempre que imagino el abismo, me imagino nadando en mitad del océano. Empiezo nadando por la playa, estoy segura y tranquila, sé que puedo parar y dar con los pies en la arena. Pero sigo nadando, y de golpe me doy cuenta que estoy sola, sin puntos de referencia, no hay suelo bajo mis pies y el fondo es oscuro como una sima inmensa. El abismo somos nosotros mismos y son los demás, mejor dicho, el abismo somos nosotros mismos en los demás. En la última frontera del contacto, estoy de pie al borde del precipicio, el abismo, tu abismo, me devuelve una mirada estremecedora. Quiero bucear en la noche  sólo para rozar con los dedos las estrellas que como los abrazos, son la promesa de una eternidad compartida.

Esto es un comienzo, el comienzo de algo que como todas las cosas hermosas nació de una casualidad, de un estado de ánimo una noche cualquiera, de una corazonada tan profunda que sólo podía ser cierta. Nos pasamos la vida tomando decisiones, una detrás de otra en una cadena interminable que al final termina hablando de quienes somos. ¿Qué somos? somos lo que hemos elegido, nada más. Necesitamos creer que existe un camino, una senda trazada, por donde podemos andar sin perdernos. Nuestro sentido común sólo sabe distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, entre la luz y las sombras, aquí está el camino y esto es el bosque. Pero las decisiones que hacen de la vida algo que merece la pena, son las decisiones que tomamos con el corazón y con las entrañas, con los ojos cerrados y en un salto de fé. Cógeme porque tengo miedo de caer si tú no estás.